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viernes, 20 de septiembre de 2024

Top 5 episodios de Comadrejas (podcast)

De vez en cuando escucho Comadrejas, el "pocas" favorito, también llamado "Té de tías". Con sus 80 capítulos acumuló en Ivoox 47633 escuchas, más otro poco más en Youtube, donde continuó hasta 2018. Fue un proyecto interesante al que le guardo mucho cariño, por más de que al principio no me convencía. Lo opuesto ocurrió con Gabriel, que con entusiasmo propuso la idea y al final ni se aparecía en las grabaciones. Bueno, con todo y todo, hoy he querido hacer un top 5 de los mejores  episodios de Comadrejas Podcast según mi opinión. 

Número 5
El número 5 es a su vez el capítulo 5, "Secuelas que mataron la franquicia". Me gusta porque es un episodio de los albores del podcast, cuando grabábamos por las mañanas del domingo y estábamos ilusionados con el proyecto. Además el tema era una de las cosas que más nos congregaban. Fue un episodio muy divertido y creo que merecía una segunda parte.


Número 4
Episodio 74: "Vamos al Gimnasio". Fue un capítulo muy atrapante de principio a fin, incluidos los consejos finales. Además, la historia de Margarita dio un giro interesante. El capítulo está lleno de anécdotas y situaciones chistosas aunque el principal fan del gimnasio, Gabriel, falló. 


Número 3
Episodio 72: "Autosatisfacción". Fue un episodio en el que hablamos de las cosas que nos dan placer, jugando con la idea de la masturbación. La desvergüenza fue brutal. 

 

Número 2
Otro que siempre escucho es el episodio 26: "Hacer cola es divertido". Lo he escuchado muchas veces precisamente haciendo cola, así que no puede ser para menos. Gran edición de Jonatan, buena conducción de Angel y buenas anécdotas. Salió redondo.


Número 1
Mi favorito es el episodio 80, llamado "Puto amigo secreto", donde conversamos sobre nuestras decepciones con los regalos del amigo secreto. Fue un episodio navideño y con el plus de contar con Paty y Eduardo como invitados. Fue muy paja.


Cinco menciones honrosas: Episodio 37: "Mentiras que nos contaban cuando éramos niños". / Episodio 10: "Superpoderes". / Episodio 21: "La fiesta del matrimonio". / Episodio 13: "¡Maldita Lisiada!". / Episodio 78: "El mundo de las computadoras".

viernes, 7 de junio de 2024

La gente no quiere la foto, quiere haber fotografiado

¿Qué hace la gente con sus fotos? Parece ser que las personas pierden el interés de lo fotografiado tan pronto lo suben a sus redes sociales. De allí solo Dios sabe, pues, si pasado un tiempo les preguntas: "¿Qué fue de las fotos de la reunión del año pasado?"; probablemente te responderán que no tienen ni puta idea. La gente es descuidada y conchuda. Descuidada, porque pierden los recuerdos sin ningún remordimiento; y conchuda, porque in situ son los individuos más afanosos, los más avezados, los que están toda la jornada jodiendo con el celular en la mano.


Probablemente no recordarán dónde guardaron sus fotos el próximo año.

Anda a ver qué hace la gente con un Iphone 15 Pro Max; un aparato que puede grabar videos hasta en 4k. Si te pones a pensar, eso es una monstruosidad: por hacer una comparativa, en la universidad, en mis clases de cine, practicábamos con unos armatostes que filmaban en VHS lo cual (según leí por allí) es un aproximado de 320x480 pixeles. Es decir; ahora la gente suele tener en sus bolsillos una cámara 100 veces más pequeña y 10 veces más nítida que la de los estudiantes de cine de mi generación. ¿Para qué? Para perder todo lo que graban el próximo año o, lo que es peor, para empeñarlo por un par de likes.

No entiendo cómo todos andan por allí como si nada. Y no es una cuestión generacional, porque uno podría pensar: "claro, como los jóvenes nunca pagaron por revelar una foto, no las valoran". No, estamos hablando también de gente mayor, gente que la mayor parte de su vida, tuvo que comprar un rollo de fotos, costear su revelado y probablemente adquirir un álbum para conservar las imágenes. Un buen ejemplo de esto es mi suegro; a quien vengo escuchando hace 10 años que tiene varios rollos de fotos de cuando Paty y sus hermanos eran niños, que por allí deben estar y que "algún día" va a revelar.

 

No solo es él. Así piensa toda la gente que conozco, incluídos mis amigos cercanos. Algunos incluso han llegado a contratar servicios de almacenamiento como Google fotos. No sé para qué. Tienen sus fotos y sus videos allí todos desordenados, sin fecha y, para colmo, cuando les preguntas por algún archivo específico, te dicen que "quizá" está en otra compu que no usan hace 10 años o en una pila de fotos pegoteadas, pendientes de escanear y así.


Yo hace tres años emprendí la labor de escanear todas las fotos de mi familia y hacer un archivo general. Lo hice, en parte, porque veía que las imágenes impresas se estaban decolorando, dañándose irrecuperablemente. Así que me dediqué a escanearlas, restaurarlas y ordenarlas cronológicamente. Luego hice lo mismo con otras fotos y vídeos digitales que tenía en diferentes fuentes. Además, le pagué a alguien para que digitalice todas las cintas de VHS que había por casa. Por último, fui consultando a familiares y amigos si tenían otras imágenes. Esto último resultó ser lo más frustrante debido a las excusas: "Voy a ver, yo te aviso", "no sé qué fueron", "me entró virus", "me robaron el teléfono", "solo tengo lo que está en facebook". 


Yo no digo que todos se tomen el trabajo de hacer un archivo como el que hice. Sin embargo, debería haber una preocupación por lo menos por cuidar lo que en un momento uno estimó digno de registrar. A no ser que lo fotografiado nunca tuviese valor. Si fuera así, ¿Para qué tomar la foto, entonces? No sé... De pronto se me vienen a la mente las palabras de Alejandro Dolina cuando decía: "la gente no quiere leer, quiere haber leído". En este caso yo diría, parafraseando: La gente no quiere la foto. La gente quiere haber fotografiado. Quiere haberse salido con la suya. Quiere haber sacado su teléfono y que la vean tomando fotos. Quiere haber estado allí. Quiere que le den me gusta. El recuerdo es lo de menos.

domingo, 7 de abril de 2024

Por qué me mudé a Buenos Aires (y sigo aquí)

Estuve releyendo mi última entrada y he tenido una impresión bastante negativa acerca de por qué elegí mudarme a Buenos Aires. Según lo escrito, todo parece indicar que llegué en un acto de escape, apalancado por una situación que no podía ir peor. Y aunque algo de cierto hay en eso, lo dicho solo responde a “por qué migré” y no contesta a “por qué ESPECÍFICAMENTE a Buenos Aires”. Peor aún: ¿Por qué continuar aquí, cuando no son los mejores años de la Argentina?

¿Qué hace usted acá?

A ver. Desde luego que Paty y yo sabíamos cosas. Previo a todo, desde 2017, con la convicción clara de que queríamos emigrar, visitamos varias ciudades candidatas. Sin embargo, ninguna superó la percepción que teníamos de Buenos Aires; ideas fundamentadas en vlogs de viajes, opiniones de conocidos y una visita relámpago que hice a Córdoba en 2009. Argentina, en ese sentido, nos parecía la mejor oferta. Pero, con todo y todo, Buenos Aires no dejó de ser un experimento. Cuando llegamos teníamos dinero para 3 meses. Pensamos: “si nos va mal (o no nos gusta) nos regresamos y listo”. Pero no fue así. Buenos Aires nos encantó y, a continuación, explicaré las razones:

Empezaré por decir, que Buenos Aires tiene muy mal ganado el apodo de “La ciudad de la furia”. Me parece que, descontando el clima (y la estima que le tengo a Cerati), no hay peor forma de describir a esta maravillosa ciudad. En mi experiencia, Buenos Aires es una urbe de personas amistosas, nobles, educadas, solidarias y felices. Basta echar una mirada a los parques y las plazas, a la tarde, cuando la gente se junta para compartir un mate, jugar pelota o simplemente echarse a la sombra de un árbol a disfrutar la naturaleza.

Sin carteles de “prohibido pisar el césped”

Así que yo podría decir que Buenos Aires es, en primer lugar, “la ciudad de los parques”, pues aquí he conocido los más hermosos que jamás vi: el parque Chacabuco, el parque Lezama, el jardín botánico, la costanera sur, los bosques de Palermo; entre muchos otros que celebran la vida y que, por fortuna, son libres, sin rejas, sin vigilantes y sin carteles de “prohibido pisar el césped”. Sí, yo antes pensaba que los parques eran para ser cuidados; para “engalanar” la ciudad (conservando, quizá, esa absurda idea de tener cosas solo para jactarse de ellas). Buenos Aires me ha hecho cambiar de parecer: Ahora pienso que los parques tienen que estar vivos porque es allí donde se inicia el sentido de comunidad. Los parques son puntos de encuentro, lugares de actividad física, espacios de ferias itinerantes, centros de recreación. Creo que una ciudad es grande no solo por sus edificios, sino por la capacidad de coexistir con la naturaleza, en equilibrio; cuando contiene el descanso de la urbe en las áreas verdes. En ese sentido, creo que muchas de las ideas negativas que la gente tiene sobre su ciudad refieren a urbes con carencia de parques, plazas o alamedas; razón por la cual el descanso es capitalizado por el mall o el centro comercial, que funciona como placebo social, promoviendo consumismo en lugar del sentir comunitario.

Groseramente monumental: un reservorio de agua.

La arquitectura de Buenos Aires es un capítulo aparte. Puede que sus edificios no sean tan antiguos y no conserve ese aspecto colonial de otras capitales latinoamericanas (por ejemplo, Lima). Pero, por su parte, Buenos Aires se toma la atribución de ser una ciudad groseramente monumental y ecléctica. En una misma cuadra conviven diferentes estilos: edificios neobarrocos, neoclásicos, Art deco, Art Nouveau, etc. En lo particular, nunca me canso de caminar por las avenidas, contemplando detalles inacabables; entre frisos, gárgolas, cúpulas y figuras incrustadas en las paredes. Buenos Aires es una ciudad hermosa y no depende de la estación; sea verano o invierno; bajo lluvia o a pleno sol. Buenos Aires es un continuo descubrir entre el esplendor y la melancolía.


La cultura es otro asunto importante. Voy a dejar de lado lo que se refiere a museos, sitios históricos y bibliotecas; pues toda ciudad suele tener algo a lo que denomina “su cultura”. No obstante, así como existe esta noción de cultura que se emparenta con el pasado y la tradición, también hay otra concepción menos practicada que es “generar cultura”. En ese sentido, son pocas las ciudades que como Buenos Aires se vuelcan a eso; a través de laboratorios como el Centro Cultural Recoleta o la Usina del arte, que son espacios vivos, libres, abiertos… quizá sin sentido aparente, pero que funcionan como plataforma de inspiración. Lugares donde uno va y son, genuinamente, lo que quieres que sean; puedes escribir una novela allí. Puedes armar una coreografía de danza moderna. Puedes rodar un cortometraje. No hay límites… más allá del horario.

Vi a un país entero celebrar

Paso de la comida. Creo que es cliché decir que la carne y el vino son buenos. Yo prefiero terminar este post con recuerdos de experiencias que no podría haber tenido en otro lugar: Me gusta decir que participé en la Feria del Libro más grande de habla hispana, que vi a un país entero celebrar la copa del mundo, que viajé en el metro más antiguo de Latinoamérica, que crucé la (otrora) avenida más ancha del mundo, que vi las obras de Van Gogh y Rembrandt en el Museo de Bellas Artes, que me senté en el mismo café que frecuentaba Borges, Cortázar y Sábato, que me perdí en La Boca, que me embriagué en San telmo y que regresé -no sé cómo- en la línea 2 a las 3 de la mañana, con un chofer que me dice: “¡Bajá con cuidado, rey!” . ¿Cómo no me va a gustar vivir acá?

domingo, 25 de septiembre de 2022

Él Mató a un Policía Motorizado

No, no es el titular de una noticia. Es el nombre del grupo del que voy a hablar ahora, sólo porque sí, porque poca gente conoce este gusto mío y porque hace unos días los volví a ver en concierto.

Era un 9 de mayo de 2015 la primera vez que los escuché. Había estado en casa con mis amigos en otra noche de póker y whisky barato. Solía irme a dormir dejando la tv puesta con música de YouTube, se reproducían canciones aleatorias que no conocía.


 

Estaba a punto de quedarme dormido cuando sonó una canción que me pareció hermosa. Con una letra que se repetía constantemente. Una voz medio rasposa intentaba ser tierna y melódica mientras la canción me hipnotizaba de a pocos. La letra hablaba sobre una chica llamada Jenny, y pocos saben que ése es uno de mis nombres favoritos. Así que para ser la primera vez que escuchaba la canción, ya me había rendido ante ella. 

Pero no quise levantarme de la cama, tal vez el whisky ya había hecho su efecto y no me dejaba ponerme en pie. Y luego, acabada esa canción siguió una más y logré identificar la misma voz. Esta vez las letras hablaban sobre pasar los últimos momentos con la persona que amas. Igualmente me hipnotizó.

Nuevamente no pude levantarme de la cama, pero esas dos canciones se quedaron impregnadas en mi subconsciente. Y mientras la tv seguía reproduciendo melodías aleatorias, me quedé dormido.

Al otro día ya con mis cinco sentidos volviendo a la normalidad, fui al historial de canciones que se estuvo reproduciendo durante toda la noche, buscando canción por canción hasta lograr ubicar esas dos melodías que tanto me habían llamado la atención. 


Y eso fue todo, me obsesioné en secreto de ellos. Él Mató a un Policía Motorizado me hacía sentir más triste cuando necesitaba estarlo (que era casi siempre) y me daba ciertas alegrías o pinceladas de esperanza cuando según mi estado de ánimo, lograba pensar en el amor, y sonreír (cuando era joven y en el amor creía).


Cada canción es como un mantra, con frases cortas o palabras que se repiten una y otra vez, las letras no son tan extensas pero suficientes para dejarme anonadado. La voz y los instrumentos parecen no encajar, pero terminan fusionándose de forma tan sublime, que no me hace más que querer seguir escuchándolos más tiempo.


Tuve la oportunidad de verlos en concierto en el Vivo x el Rock del 2019, fue una presentación accidentada y muy corta, ya que cada banda sólo tenía media hora de show. Grité y canté a todo pulmón las canciones, y saltaba cada vez que podía. Me sentí completamente alegre. Pero me dejaron con ganas de más.


Hace unos días tuve la oportunidad de volver a verlos en concierto, esta vez en un show de dos horas sólo de ellos, y en primera fila además.

Pero esta vez la experiencia fue totalmente distinta a la del 2019. Esta vez no sentí alegría, me invadió una gran sensación de melancolía y soledad. Era como estar solo frente al grupo, sentí que no había gente a mi costado, por más que casi todos saltaban y gritaban entonando las canciones. 

Yo cerraba los ojos y cantaba para mí, intentando acompañar al vocalista. No sé si porque ya tengo 40 años, o porque el olor de la yerba que se sentía por todas partes me había afectado un poco, o porque con los años siento estas canciones cada vez más profundas; pero me desconecté del resto del público, y disfruté del concierto a mi modo.

Lloré mucho cuando cantaron "Fuego" uno de mis temas favoritos. Era inevitable que mis lágrimas acompañaran la canción, salían de forma inconsciente (No lloraba en un concierto desde Arcade Fire, allá por el 2017) 

Y sí canté a viva voz cuando "Chica de oro" y  "El mundo extraño" tuvieron su turno en el set list.


"Quiero estar con vos
Que me quieras así
Liquidado estoy
Esperando hasta el fin
Sé que es lo peor
Pero ésta es la mejor versión de mí"



Definitivamente este concierto lo llevaré en mi corazón por mucho mucho tiempo, por todo lo que significó y por cómo me hizo sentir.

Y sin más, los dejo con esas dos primeras canciones que escuché la primera vez, los mismos videos que se metieron en mi cabeza una lejana madrugada hace siete años:






 





lunes, 29 de junio de 2015

Películas que no me canso de ver.

¡Buenas noches, queridos amantes de los blogs!
Llevo mucho tiempo sin escribir nada por aquí, vamos que tengo la parte escrita un tanto descuidada últimamente. Los estudios me distraen más que mis actividades de ocio más recurrente, debido en gran parte a que ya falta prácticamente un semestre para acabar la carrera ¡Yuju!
Bueno que me desvió del tema para variar y luego don Aguirre me regaña. Hoy vengo a hablarle de tres películas que me encantan y no me canso de repetir. Películas que si encuentro en la TV dejo de lado la agenda que tengo por delante para sentarme a verlas, empezar o terminar según sea el caso, o disfrutarlas en su totalidad.

Empezaremos con una que justo estoy repitiendo en este momento. Billy Elliot (2000). Está película la encontré hace como 10 años por cable, iba casi por la mitad o menos, y mi curiosidad se despertó al ver a un niño ensayar ballet en una clase repleta de niñas. Vamos que casi cambio de canal, pero mi curiosidad de hacia dónde apuntaba la película me pudo más y termine sentándome a ver lo que estaba por venir.


Billy Elliot es nada más y nada menos que la historia de superación de un niño que no ha conocido nada más allá del machismo y prejuicios planteados por una familia desestructurada. Llena de momentos, a pesar de la cruda situación familiar de Billy, risibles y enternecedoras, sin mencionar el momento en que el padre por fin abre los ojos y confronta al hermano gruñón de Billy, un momento que me arranca las lágrimas. Una banda sonora que se te queda grabada mucho después de ver la película, que si bien no es una de las más laureadas en el género del cine, cumple su papel maximizando las emociones que los actores intentan transmitir.  Podría hablar más de esta película pero solo lograría un post algo soporífero y no es mi intención. Demás esta añadir que recomiendo la película para aquellos que no la han visto.

La segunda película es la Lista de Schindler (1993), película protagonizada por Liam Neeson. La cinta está basada en la historia del empresario alemán Oskar Schindler, que salvo 1100 judíos polacos durante el holocausto. La película está acompañada de excelentes actuaciones y producida y dirigida por Steven Spielberg. En primera instancia vemos a un Schindler oportunista que aprovecha la desgracia que atraviesan los judíos para hacer uso del dinero de estos para comenzar sus coqueteos empresariales con el partido Nazi. Con el tiempo se ve como un hombre por muy frívolo que sea no puede afrontar semejantes atrocidades como las que se vivieron en aquel entonces, sin quebrarse. Es ese punto de quiebre de Oskar Schindler el que lo convierte en un símbolo de esperanza entre los que después serian conocidos como “Los judíos de Schindler”.


Una película llena de momentos emotivos, crudos que trastocan más allá de los sentimientos del espectador, que invitan a momentos de reflexión y que nos muestran el otro lado de la Alemania de la segunda guerra mundial, a aquellos pocos alemanes que aun conservaban su humanidad y que intentaban nadar en contra de la corriente, a su manera, arriesgando sus propias vidas por las de alguien más, por un bien mucho mayor. Y hay una frase que siempre me quiebra en esta película “Quien salva una vida, salva al mundo entero”.

La tercera película (tenía razón en no mencionar a más de tres). La vida es bella (1997). Película que también transcurre, en parte, durante el holocausto. Protagonizada y dirigida por el talentoso Roberto Benigni quien encarna a Guido, un personaje ocurrente y risueño, que llena de gracia las situaciones más grises, y no por una falta de responsabilidad, sino más bien por el simple hecho de no dejar desesperanzarse a quienes le rodean. Algo así como al mal tiempo buena cara, pero al estilo de Benigni o de Guido en este caso.


Momentos oscuros y emotivos acompañan las divertidas gracias de Guido, quien se revela contra las calamidades con una sonrisa, con esperanza, aun en los peores momentos. Cada uno tiene sus maneras de luchar contra las adversidades, cada uno tiene un estilo único, el estilo de Guido es uno de aquellos poco recurrentes, uno de aquellos que aun logran hacer que los niños y los hombres sueñen por igual, con el “La vida es Bella”.

Bueno espero no haberlos aburrido y ya nos leeremos en otra ocasión, y está vez mucho antes de lo que imaginan. 

domingo, 28 de junio de 2015

Historia de dos periódicos



Había una vez en Piura un viejo periódico que vivía al borde de la ruina. Regocijándose en sus años de gloria, subsistía mantenido por otro diario que la misma empresa vendía más barato. Nadie quería trabajar en aquel antiguo medio. Los jóvenes periodistas sabían que ahí se pagaba poco, se exigía mucho y que los jefes manejaban todo como señores feudales. En un acto de desesperación, los directivos decidieron que este periódico tome la misma línea que su diario económico y, así, un buen día éste salió a la venta a la mitad del precio. Recortaron varias secciones como cultura, estilo de vida y opinión. Luego bajaron los precios de la publicidad hasta el suelo. Así, mal que bien, se mantuvieron liderando un segmento en el que, hasta entonces, no existía competidor.

Sin embargo, pronto llegó a Piura un periódico desde la capital. Este medio estaba interesado en el mismo segmento que el viejo diario. Se congració con las más recientes generaciones de periodistas y les ofreció sustanciosos contratos. Destacó la calidad sobre la cantidad y se caracterizó por tener mejores contenidos e imágenes impactantes, de modo que visualmente se presentó como un producto moderno y competitivo.  Así pues, el nuevo periódico pronto destronó a su magullado competidor.

De pronto, el periódico viejo se dio cuenta de que si quería seguir en el mercado debía tomar una decisión radical y, en lugar de declararse perdedor, redobló su apuesta. Despidió a viejos jefes. Contrató nuevos y mejores periodistas. A los antiguos, los que demostraron ser competentes, les empezó a pagar más. Renovó su imagen de marca, aumentó sus secciones y su contenido. Luego, salió a la luz al doble de precio, pero, eso sí, ofreciendo una calidad nunca vista en un mercado regional.

Por su parte, al periódico nuevo llegó uno de esos directivos obsesionados con la productividad. Éste señor vio que era un despilfarro mantener a tantos periodistas y despidió a casi todos menos dos, a quienes les encargó las labores de los 10 que se fueron, incluidas la edición y la fotografía. Disminuyó la calidad del papel, recortó el número de páginas y subió los precios de la publicidad, pensando que los anunciantes se quedarían con él porque no importaba qué cosa publicara, sino su marca y el prestigio que encerraba ser un tradicional diario limeño.

En un año las decisiones de ambos medios rindieron sus frutos: el diario El Comercio prácticamente desapareció del mapa, convirtiendo las productivistas decisiones de su nuevo directivo en el peor de los fracasos; o séase, de esos que se dan cuando ya todo parece estar ganado. Por el contrario, el diario El Tiempo, recuperó no sólo el prestigio perdido décadas atrás sino que se consolidó como el diario número uno en su segmento.

Lo que me deja una enseñanza clara de que los tiempos han cambiado. Que la anticuada gerencia de principios del siglo XX ya no tiene más lugar en el mundo empresarial. Y que quizá esto también tiene que ver no sólo con no cometer el error de infravalorar a tu público sino también a tus trabajadores. Lamentablemente aún es difícil remar contra la corriente. Pero, como decía Peter Drucker: "Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente".

miércoles, 3 de junio de 2015

Agujas y alfileres

La vi hoy, vi de lejos su rostro, ése rostro que había amado. Supe en ese momento que tenía que huir lejos y ponerme de rodillas a rezar, para que se alejaran. Pero aún así empiezan... las agujas y alfileres (por todo mi orgullo). Las lágrimas que tengo que ocultar.

Yo mismo creí que era inteligente, que había logrado ganar un corazón, no pensé que fuera verdad. Pero ahora veo que ella se merece algo más que a mí, la dejaré irse y que se quede con lo que ama. Y un día ella aprenderá cómo decir: ”por favor” y ponerse de rodillas.


Así es como empieza todo. Ella sentirá esas agujas y alfileres lastimándola, siempre lastimándola.

¿Por qué no puedo parar y decirme que estoy equivocado? Tan equivocado ¿Por qué no puedo levantarme y decirme que soy fuerte?

viernes, 29 de mayo de 2015

Me cansé de ser hombre (Artículo motivador)

Sucede que me canso de ser hombre. Me canso de los rostros desconocidos, de la multitud embutida en los centros comerciales, de los niños uniformados saliendo de los colegios. He llegado a imaginar ver a toda esa gente corriendo desesperada mientras sus cabezas arden en fuego. Se lo comentaba a alguien, sería divertido le dije.

Me canso de ser hombre en una ciudad que me aborrece. Una ciudad que desprecia lo que hago, lo que escribo, lo que siento, lo que amo, a quien amo. Una ciudad que se mea de risa cada vez que entrego el corazón sin esperar nada a cambio. Una ciudad que empolva con su insufrible arena todos mis recuerdos, mis anhelos y sentimientos.



Me cansa ser hombre cuando los amigos ignoran mi verdad, cuando nadie me pregunta cómo estoy. Cuando incluso sabiéndolo, nadie es capaz de hablar con sinceridad y mirándote a los ojos.

Sucede que me canso de ser hombre cuando no hay más humanidad que rescatar, cuando deambulo por las calles sucias y violentas y caigo  en  cuenta que más humanidad tienen los perros callejeros, que los idiotas que los maltratan.

Me canso de ser hombre en una red social donde la vanidad y estupidez reinan por doquier. Donde se compite por popularidad intentando ganar seguidores a cambio de retraso mental, fotos de comida y cientos de fotos de tu puta cara. Donde me das un “me gusta” pero no eres capaz de leer de qué se trata.

Me cansa ser hombre en una ciudad que te escupe, que te saca la vuelta, que ensucia las veredas, que pone trabas para salir adelante, que intenta robarte, que busca excusas para no cumplir sus labores, que es impuntual, que está ahogada por la corrupción y delincuencia.

Sucede que me canso de ser hombre aquí y ahora. Esta ciudad se llevó mi humanidad, ahogó mis sonrisas  y destrozó mi corazón. Y yo se lo di todo. Su calor y su radiante sol quemaron lo poco que quedaba de mí. Me cansé de ser hombre. No me lo critiquen.




Pero terco yo, o tal vez masoquista, prefiero seguir “mirando las ruedas girar”, buscando excusas para seguir ahogándome en el polvo y la tierra de las calles. Buscando tal vez sanar un  corazón que se resigna a morir de asco y soledad.

jueves, 28 de mayo de 2015

Los señores de la camisa mostaza


Por estos lares cada vez está más en boga decir este asunto no es mío para liberarse de  toda responsabilidad. Así, no es extraño que las acusaciones generen una respuesta que inicia con “no es mi culpa” y continúe con “es culpa de…”. Tampoco es raro que, en un nivel comercial, haya proliferado la aparición de anuncios tales como “cuide su (…), la empresa no se hace responsable de (…)”

Los señores que trabajan en servicios de seguridad no son la excepción. Para nada. Y yo creo que esto se hace patente en los sucesivos cambios de denominación de su chamba.

Típico guachimán peruano.

Veamos:

En un primer momento, estos operarios recibían el nombre de “guardianes”, dado que brindaban servicios de guardianía. Entiéndase: “guardar” es sinónimo de proteger. De modo que, cuando se constituyó la figura de estos agentes de seguridad, se estaba pensando en una suerte de “policía privada”, la cual tendría que resguardar los intereses de la persona o empresa que pudiera costearlos.

Pero como a los de seguridad esto les pareció demasiado arriesgado y no querían hacerse tan responsables por los problemas de sus clientes, de pronto se hicieron llamar “vigilantes”. Entiéndase: el que vigila, el que mira, el que chequea, el que da la voz de alerta. Esto es más  bacán porque así el agente no tiene que enfrentarte al problema. Es decir: él ve que están asaltando a alguien y no se mete. Basta con decir: “cuidado choche, te están bolsiqueando”.

Sin embargo, como aún así enfrentarse a la delincuencia parecía demasiado peligroso, estos señores decidieron ascender un peldaño más en la escalera de la despreocupación y, entonces, hallaron el término perfecto para sus ociosos menesteres: “agentes de prevención”. Entiéndase: personas que previenen. O sea, estos operarios ya ni se enfrentan a la razón de ser de su chamba, ni tampoco corren la voz de alerta. Hacen una cosa mucho más cómoda: Se dedican a joder a sus clientes y a los clientes de sus clientes para que ellos mismos resuelvan los atentados.


De modo que ahora los señores de camisa mostaza ni siquiera se despeinan. Sólo hablan. Hablan un montón. Llaman la atención. Piden refuerzos por radio. “Tenemos un problema”, dicen. ¿Y de qué se trata? Hay un señor que me está reclamando porque en el baño no hay papel higiénico. Díganle que está prohibido reclamar. Que no se puede. Que no son sus funciones.

Lo que a uno le hace pensar si actúan así con la gente común y corriente, es porque ahora los enemigos de los agentes de seguridad no son los agresores, sino las víctimas. Porque resulta que ahora las personas tenemos la culpa de que los delincuentes atenten contra nosotros.

Voy a compartir tres casos reales. Absurdos, sí. Pero 100% verídicos

Primer caso: cuando trabajaba vendiendo autos en Chevrolet teníamos a un agente de prevención que sólo se dedicaba a cumplir las funciones de un soplón. Por ejemplo, si alguna vez llegaba de visita la esposa de un compañero, el de prevención automáticamente le pasaba la voz al jefe de la tienda y, al día siguiente, mi colega tenía una llamada de atención. Si uno salía a media mañana a fumarse un cigarrillo en la calle, el señor de prevención tomaba nota y le comunicaba a gerencia. Era tan jodida la cosa que una vez me cuadré al fulano ése. “Oye, ¿a ti te contratan para que cuides de afuera hacia adentro o de adentro hacia afuera?”, reclamé. Vale decir que a este sujeto lo despidieron al poco tiempo, cuando se descubrió que pasaba todas las noches usando los teléfonos de la oficina para hacer llamadas personales.

Segundo caso: en una expoventa realizada hace algún tiempo en un centro comercial, al señor Melquiades le robaron su celular de última generación. De más está decir que los agentes de prevención no estaban en sus puestos y no brindaron el resguardo necesario. Por el contrario, una vez realizado el crimen, sólo se limitaron a pronunciar su sermón de toda la vida: “es que dejas tus cosas muy expuestas…”. Cuando el señor Melquiades fue a revisar las cámaras de seguridad (esas cosas que la gente cree que son la solución definitiva a la inseguridad ciudadana) se dio cuenta de que justo en el momento del hurto, el aparato estaba girando hacia otro lugar. Parece que estaban chequeando a una flaca.


Tercero: hace unos días me encontraba cargando un bulto en otro centro comercial. Tenía que subir al segundo piso y, como el ascensor estaba apagado, pensé que la mejor opción era usar la escalera mecánica. Cuando me subí en ella, vino una señorita de prevención, gritándome de la manera más escandalosa posible. Quería que baje de inmediato porque estaba prohibido subir con bultos ahí. A mí, con el peso y la escalera en movimiento, no me quedó decirle que sería imposible. Por supuesto, la de prevención, como si estuviera ante su enemigo número uno, procedió a hacer lo que mejor hacen estos señores. Dijo: “Así que hace caso omiso a las órdenes”. Llamó por el radio a alguien y se fue muy disgustada. Tiempo después me entero de que a quien llamaba fue a una trabajadora del centro comercial, para la que en ese momento me encontraba haciendo unos servicios. Lo supe porque aquella era mi amiga y no perdió la oportunidad de manifestar: “me han llamado la atención los señores de prevención porque subiste la escalera mecánica con bultos”. Yo le respondí: “¿Por qué te llamaron la atención a ti, si tú eres la que los ha contratado? Faltaba más: ¡Llámales la atención tú a ellos!”

miércoles, 27 de mayo de 2015

De escritor a titiritero

Recuerdo con claridad que cuando vi publicado mi primer libro, reproducido en cientos de ejemplares empaquetados en varias cajas de cartón, me di cuenta de que estaba realmente jodido. Claro está que, como escritor primerizo, me había alentado tanto la idea de ver mi obra impresa que la culminación de este sueño sólo me llevaba a la pregunta inevitable: ¿Y ahora qué? ¿cómo hago para que me compren todos estos libros?

Aquí firmaba un ejemplar de mi primer libro, en la Peramadura,
un par de noches antes de la presentación de mi libro (circa 2007)
Nótese que, de momento, como cualquier novato, yo pensaba que, una vez publicado el libro, éste se iba a vender como pan caliente; que gentes de todas partes del planeta me buscarían, que las librerías me rogarían por contratos de exclusividad y de pronto, en una llamada transatlántica, se comunicarían conmigo desde Suecia para entregarme el premio Nobel. ¿Qué? ¿Exagero?

Bueno, bueno…. ¿Acaso no es común que un escritor, en su acostumbrado discurso de conferencia nivel escuela secundaria, no se queje de que nadie lo lee? ¿No pasa a cada rato que éstos personajes se autorganicen agasajos y soliciten reconocimientos firmados por todas las municipalidades que conocen? ¿No ocurre a cada rato que algunos de estos –sino varios- se sientan ofendidos por no haber sido incluidos en los programas de la feria que organiza su ciudad?

Que me manden mi Nobel por FEDEX. El escritor ocioso, rumbo
a su presentación en Trujillo, 2007.

Yo sabía que el escritor -sobre todo el de la vieja escuela- solía tener un ego enorme: si por él fuera, que le construyan un altar y le rindan pleitesía. Y detestaba sus poses de no va a mover un dedo por cambiar su situación comodona pero sí poner en marcha toda una maquinaria belicosa para atacar –a menudo por lo bajo- a otros autores que, por algún extraño motivo, empiezan a sonar más que ellos.

Así que, cuando volvía a la pregunta del inicio y la repetía varias veces: noté que había algo malo; o algo que me estaba asemejando a ese modelo de escritor del cual renegaba: ¿Por qué estoy pensando que la gente tiene que venir a comprar mis libros, en lugar de yo ir a venderlos?

De esa manera llegué a la conclusión de que si quería salir del conformismo que aúna a toda esa raza de escritores que creen que el mundo gira alrededor de ellos, debía empezar a practicar otro tipo de oficios que aparentemente no tenían nada que ver con el que sustentaba todo: escribir en la comodidad de mi casa.

Así, la primera chamba que surgió fue la de vendedor. Esto lo expresé en un viejo artículo de mi fenecido blog el verduguillo.

¡Vendo libros! (2008)

Escribir es producir un libro; un bien que debe entrar en un mercado. Éste puede ser buenísimo. Pero si no llega al público será un fracaso. “Hay que empezar a llevar la obra a la gente. Si no lo hago yo, nadie lo hará”, me dije a mí mismo.

Era de esperarse que al sistematizar los procesos de distribución, naciera pronto la idea de ocuparse un poco más de la técnica de las publicaciones; trabajando directamente el diseño editorial para crear un producto más atractivo. De modo que, la segunda chamba conexa al oficio de escritor resultó ser la de editor.

En una presentación de la editorial (2013)

La tercera chamba viene a consecuencia de la anterior: Fundada una editorial, ésta debe encargarse de promocionar los libros de una manera creativa. Así pues, de hacer recitales públicos, pasé a ser narrador de cuentos y hasta actor en el teatro ambulante de “Historias del jañape”. Y, de ese modo, así llego hasta el día de hoy, en el que me dedico a personificar los personajes de “Emilio y El gato” en una función de títeres con la que tratamos de dar a conocer el libro de Angel Hoyos.






Para terminar, debo decir que creo firmemente que todas estas cosas que he venido haciendo hasta ahora no deberían ser producto de burlas; sino afrontadas con la certeza de estar trabajando con la convicción de que el oficio literario puede y debe ser un trabajo bien remunerado. Y que ello sólo se materializará cuando los escritores dejemos de rascarnos la barriga y nos pongamos a hacer que las cosas funcionen. Dejarse de quejar es un primer paso.

viernes, 22 de mayo de 2015

Los nerds ya no son como antes

Estoy seguro de que este post, a priori, va a afectar a mis compañeros de blog. Cálmense. Desde ya les digo que esto no tiene nada que ver con ustedes y que evitaré dentro de lo humanamente posible hacer referencias directas a ustedes.


El término “nerd”, desde que apareció en la cultura norteamericana, a fines de los años 70, se usó para designar a personas inteligentes con escasas habilidades de interacción social. Así lo manifiesta la todopoderosa Wikipedia*.

La idea completa es que esta designación recayó sobre personas que leían mucho (por ello tenía problemas de vista) y/o se obsesionaban con el conocimiento (principalmente en el campo de la ciencia y tecnología). Y así, tan abstraídos y alejados del mundo que los rodeaba, no atendían mucho a las modas ni se preocupaban por su apariencia física.

Veamos ejemplos notables:

Stephen Hawkings, un astrofísico
obsesionado con descubrir las leyes
que rigen el universo.

Bill Gates, un joven informático obsesionado
con las computadoras y otras "maquinitas".

Stephen King, un escritor obsesionado con
crear un nuevo género dentro de la literatura

Oséase que, tradicionalmente, ser nerd encerraba un gran potencial y, de un modo extraño, se podía decir que era una designación propia de quienes hacían cosas realmente chéveres, por encima del promedio y, en algunos casos, que impulsaban el desarrollo de la humanidad.

Pero ahora…



Por el contrario, ser nerd hoy en día es sólo un asunto de apariencia. Estos señores van al gimnasio, usan productos para el cabello e intentan seguir una dieta (de preferencia orgánica). Están obsesionados con su modo de vestir a tal punto que son capaces de pagar una fortuna por poseer ese accesorio que le aportará distinción por sobre todos los demás mortales (accesorio que podría ser un par de lentes retro, un celular de última generación marca ENTEL o una camiseta con el símbolo de su superhéroe favorito que no puede ser otro que de Marvel o DC).

Al nerd de ahora ya no le obsesiona el conocimiento, al menos no en materias útiles. Prefiere los cómics y las series de Warner. Si lee libros, generalmente son aquellos que pertenecen al mundo del Fanfic y están directamente relacionados con las franquicias y sagas que sigue.

De ese modo, las denominaciones que expresan matices de la palabra nerd han crecido, estableciendo varios puntos grises: “Fandom” (fanático de cosas raras), “Geek” (obsesivo tecnológico… ahora: fan de Apple), “friki” (extravagante), “Jerk” (antisocial), “Dork” (idiota) y un gran etcétera. 


Es por eso que el señor Angel Hoyos, Gabriel Chunga y Jonatan Melquiades no son Stephen Hawking, Bill Gates y Steven King, respectivamente.


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*También el término nerd se popularizó los años 1970 inspirado por el filósofo Timothy Charles Paul,6 que usó la palabra para describir un estereotipo de persona inteligente, con reducidas habilidades sociales, y que suele ser objeto de burlas.

lunes, 20 de abril de 2015

No hay café, señor

Nuestro bien amado país, del que estamos bien orgullosos de haber nacido en esta hermosa tierra del sol, no es una nación en la que se distingue precisamente por su cultura cafetera. Cosa rara, sobre todo, por acoger lugares como Chanchamayo, Canchaque y Villa Rica, donde se hace el mejor café del mundo.

Igual la gente toma un montón de yerbajos entre emolientes, infusiones y otras cosas que más bien parecen para fumar. Pero con el café nada de nada. De hecho, le tienen infinitos reparos: que hace daño, que destruye el hígado, que te tiñe los dientes, que te pone nervioso o que te da cáncer. Y dentro de toda esa difamación, en Piura agregan: "¡...y con este calor!"

Así pues, con tanta mala fama, casi nadie se preocupa por abastecer correctamente las cafeterías con esta bebida. Al rededor del 50% de veces que voy a uno de estos establecimientos (por más de que esté la palabra grandota CAFÉ por todos lados) me dicen lo de siempre, que no hay y ya. Así como: qué ocurrencia, vaya a preguntar por café a su abuela.

De más está decir que, si hablamos de gustos, aquí muy pocas personas saben distinguir entre un café pasado y uno instantáneo. De hecho, hasta parece darles igual si en una cafetería les ponen lo que llaman "esencia" que, en realidad, es un concentrado de café que puede haber estado guardado por días, semanas y meses, mezclándose continuamente entre concho y concho.

No es de extrañar, entonces, que algunos piuranos hayan optado por otro tipo de bebidas, como el señor Hoyos, que han encontrado una fórmula más nutritiva y saludable para afrontar su día a día.


¿Cultura cafetera? Nula. Uno tiene que arreglárselas solo. Nuestro país te obliga a ello entre sus miles de paradojas como que, siendo uno de los principales exportadores de algodón pima, casi todos nos vestimos con ropa china de nylon y poliester; o que, teniendo cierta producción petrolífera que abastece a países asiáticos, la gasolina que pagamos siga siendo la más cara de toda Latinoamérica.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Nos están traicionando

Ante el panorama mundial, en el que atravesamos una época de sobreproducción petrolera, resulta inverosímil que los precios de los combustibles en el Perú no acaben de bajar (o que sólo lo hagan cuando el Estado los subsidia). Sorprende esto, en especial, considerando que el nuestro es un país productor de petróleo. Y más aún, llama la atención (y hasta encabrona) enterarnos de las cosas en las que los directivos de Petroperú derrochan invierten el dinero.

Que lo paguen de su plata, que no les falta

…que tampoco es muy diferente a lo ocurrido hace poco con el señor Julio Velarde, presidente del Banco de Reserva del Perú, quien no podía dejar de pasar un año sin subirse el sueldo aún teniendo el salario de funcionario público más alto de todo, todo…todito el país.

Al señor Velarde le quedaban cortos los 41mil soles y
quería que le aumenten tres mil mal; es decir, sumado
todo el señor Velarde iba a ganar 59 sueldos mínimos
mensuales. ¡Provecho!

En efecto, es innegable que Perú atraviesa por un buen momento económico y que todos quieren su tajada. Los taxistas no son ajenos a esta repartija. Al menos en Piura, los profesionalísimos del transporte (autodenominados ahora “transportadores”, probablemente en honor a las películas de Jason Statham) en los últimos 4 años llegaron a aumentar sus tarifas hasta en un 500% (considerando que en 2009 lo máximo que cobraban era S/.2.50, hoy en día del centro a mi casa me piden S/.13.00 con regateo).

 Lo positivo del caso es que, al menos, han renovado
esa vieja flota de autos Tico de hace 20 años.

Hasta los lugares que nunca subían sus precios, como la Pera madura, el favorito de toda la vida que desde los noventas servía un cafecito por un sol, a partir del 2010 empezó a encarecer sus servicios a manera de progresión geométrica.

La gráfica demuestra el encarecimiento del café en la
Pera madura, el cual, antes del 2010 costará más que el de
Starbucks.

Otros favoritos como el Munich, que hacía 6 años cobraba 3 lucas por chela, ahora la vende al doble. Y aún más: el recientemente descubierto Don Lucho’s, que vendía un ceviche llamado “empresarial” por 10 soles (una fuente bastante decente de donde podían comer hasta 4 personas) ahora, dos años después, lo sirve menguado (no “lenguado”) y a 20 nuevos soles.

Ceviche empresarial de Don Lucho's 

En Perú las reglas de la física parecen haberse invertido: todo sube no tiene que bajar. Y así pues, ya hasta resulta un pecado mortal que uno reclame. La consigna de los negocios parece ser refregarte en la cara que sus productos son exclusivos y que, si eres misio, no vales el sol que tienes en el bolsillo.

Dato anacrónico: si estás leyendo esto en otro país o en una época en la que el valor del Sol parece remoto, hago esta breve ilustración: una botella de agua mineral promedio de 500ml en 2008 costaba un sol. En 2015 la misma botella de la misma marca cuesta S/.1.20. Con esto ya te darás cuenta de que la supuesta inflación no es más que una concertación de precios en ciertos sectores supravalorados.

viernes, 27 de febrero de 2015

¡Joker and Birdman!

¡Buenas noches!
Jo, llevo días sin escribir nada en el blog, se me están pegando los malos hábitos del señor Hoyos. Nah, en realidad he tenido un poco de todo en la cabeza, que me han hecho postergar la publicación de algo. Hoy por ejemplo he pasado el día rabiando con la migración de word o pdf a mobi de mi libro, y es que estoy intentando subirlo a kindle para su posterior publicación en formato ebook a Amazon y Google book. De momento le he dado una pausa a eso, pero solo por unas horas no pienso rendirme.
Hoy fui al cine, pero tampoco voy a hablarles de eso (Vi Apocalipsis con Nicolas Cage como protagonista. Dicho sea de paso la película es una mierda como un templo). Lo sé, lo sé estoy hablando un poco de todo sin ir al tema que vengo a compartirles, pero sin embargo es algo que pasa a menudo conmigo, me suelo ir del tema.
Está semana me reuní con mis estimados Jinetes del apocalipsis, y entre chela y chela me puse a leerles una lista de las cincuenta películas más odiadas. Los comentarios fueron a favor de las opiniones de odio o desprecio hacia las películas nominadas, lo cierto es que entre frase y frase se mencionaron dos cosas de las que vengo a darles mi más sencilla, sencillisima opinión.
¡Joker and Birdman!
Me encantan el cine, las series, animes y cartoons; podría pasar días enteros viéndolas (Al igual que leer libros, cómics y mangas). Y sobre las dos primeras tuve notables y agradables sorpresas durante la última semana. Empezare por Birdman.



Es una de las galardonadas en está ocasión y muy bien merecido. Me encanto la actuación de Keaton, que después de un papel tan secundario y simplista como el que tuvo en Need For Speed, pensé que no volvería a ver hasta después de muchos años, con más arrugas y muchas canas más.
Al lado del conflictivo Edward Norton (Otro de mis favoritos), formaron una pareja que me mantuvo despierto desde el inicio de la película, retratando irónicamente un poco los aspectos de la vida de ambos actores, Keaton el olvidado y Norton el talentoso pero conflictivo actor. Nos trasladaron hacia el mundo del teatro, un ambiente que si  bien no goza del presupuesto, los efectos y la difusión que las grandes superproducciones cinematográficas, se dirige a un publico mucho más crítico y exigente. ¿Y cómo no? Tienes que mantener los nervios y el carácter para no derrumbarte en una escena, el profesionalismo para continuar adelante a pesar de cualquier error que se suscite. Esos huevos son los que se dejan ver en el personaje de Norton que lleva su sentido de interpretación a extremos que como en la vida misma le provocan conflictos con sus colegas. Mientras que Keaton encarna a aquel actor que después de una época dorada se encuentra en los años del olvido, solo rescatado de vez en cuando en un estancamiento de reconocimiento (No sé si lo dije bien) por el personaje que le dio sus años de gloria. Esté actor se mete en el reto de recordarle al público que no es un simple personaje de años anteriores, que es un actor que puede cautivarlos y demostrar su talento a ojos de todo. Keaton nos muestra la eterna lucha por no caer en el olvido, en la que muchos artistas se someten con el paso de los tiempos.

¿Y es que acaso no es eso a lo que muchos aspiramos? A ser recordados. Aunque a veces me despreocupo del todo. Yo también quiero ser recordado, por mis letras, por la gente cercana y por algunos cuantos no tan cercanos. No por el sabor de la gloria y la fama, si no porque quiero que mi paso por está vida goce de un significado que traspase el tiempo, el peso de haber marcado bien las plantas de los zapatos en las tormentosas y crueles arenas del tiempo (Demasiado Príncipe de Persia). Wherever, les recomiendo Birdman, es una excelente película sobre la lucha por no caer en el olvido, por una vida o carrera de significado, no juzguen la vanidad del personaje, si no el peso y el valor de tan dificil meta.

Joder que ya llevo muchas líneas, trataré de ser más breve con la siguiente parte. ¡Joker! O bueno  ¡Young Joker! De la serie Gotham.


Gotham la serie que nos cuenta los inicios de ciudad Gótica y sus personajes (Batman, villanos y aliados). Nos trajo la semana pasada la aparición, con un origen, sobre uno de los villanos más emblematicos del caballero oscuro: The Joker. Encarnado por el joven actor Cameron Monaghan. Si bien es cierto una de las cosas curiosas del popular personaje hasta la fecha era su carencia de un origen claro, habían escrito orígenes pero ninguno era a ciencia cierta el real. Así que en esté punto no sé que tan bueno sea que hayan elaborado un origen para añadir al personaje a la serie. 


Pero vayamos a la interpretación de Cameron. El chico se las llevo, fueron dos escasos minutos en los cuales me hizo recordar las grandes interpretaciones de Ledger y Nicholson, seguramente el chiquillo se quedara en ese tercer puesto (a menos que Jared Leto se lo arrebate). Los gestos, la risa, el aire desenfadado y desquiciado, el ver al Joker en los ojos, en el carácter. Lo siento por los fans, seguidores y demás que estén en desacuerdo, pero para mi ese chiquillo interpreto bien el papel, él para mí es el Joker. Y ojala al director no se le antoje decirnos luego que el Joker es otro personaje y otro actor. Quisiera decir más, de las expectativas que tengo, de lo que se me antoja que enfoquen cinco minutos más al cabroncete de Cameron. Pero esto se alarga y quiero dejar pila para mi siguiente publicación. 

¡Es él!


Recomiendo tanto la serie, en especial este episodio 16, cómo la película Birdman. Estaré por aquí fastidiándolos antes de que se acuerden, mientras tanto voy a seguir dándole la lata a Kindle.

Tengan buena noche y mejor sábado.