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viernes, 19 de agosto de 2022

¿Ya tengo 40 años?

 

Cuando era un niño feliz allá por mis 10 u 8 años e iba a un centro comercial, a la hora de pasar por caja siempre me parecía que las personas que atendían eran mucho mayores que yo. Esa sensación de que los otros eran los adultos me duró mucho tiempo. Y no sólo con las cajeras, sino con la gente en general que ofrecía algún servicio, como doctores, empleados, taxistas, etc.

 


Conforme pasaron los años y fui creciendo, aún sentía que yo era el más joven. Veía a todos con cierta admiración, elogiaba a las demás personas que podían prestarme cualquier tipo de servicio. -Algún día yo también seré grande- me decía siempre para convencerme que yo aún no había terminado de crecer.

 


Pero una mañana hace pocos años, desperté y fui al supermercado, llené el carrito de compras con los productos usuales que solía adquirir para pasar el fin de semana con mis amigos. Fui a caja y la persona que me atendió era una joven, evidentemente menor que yo. - ¿Qué está pasando? - pensé confundido.

 

No supe bien qué hacer. Después del supermercado fui al banco a tramitar mi tarjeta, y la persona que me atendió era al menos 10 años menor que yo. -Esto no puede ser normal ¿es que estoy en otro universo y no me he dado cuenta? –

 

Salí corriendo a la calle, confundido, desorientado, sin saber exactamente qué pasaba. Miré a mi alrededor y constaté lo peor que temía: todos eran menores que yo... la señora de la limpieza, el taxista que me esperaba, las parejas con hijos que paseaban de la mano, incluso la chica que me gustaba… TODOS.

 


Tuvieron que pasar muchos días para aceptar esa nueva verdad. ¿En qué momento crecí? Nunca me di cuenta, esa bofetada de realidad remeció toda mi interpretación del mundo. Ahora, el adulto, el grande, el mayor, era yo.

 

No pude aceptarlo, no podía resignarme a haber crecido. Pero no podía hacer más, así comprara todos los Transformers que no pude tener de niño y viera con mi hijo las películas que marcaron mi niñez, ya no había marcha atrás.

 

Y el tiempo volvió a pasar, de repente dejó de emocionarme cumplir años, de repente mi gata había fallecido a sus 12 años, de repente yo estaba solo, de repente Bowie había muerto, de repente mi hijo ya tenía 9 años, de repente sólo escuchaba The Cure.


 *****


Y esta mañana, abro los ojos y me doy cuenta que han pasado 40 años desde que llegué a este mundo. Me atemoriza la idea de envejecer y ser la carga de alguien más, la inutilidad física, el volverse dependiente de alguien más incluso para comer e ir al baño. Me atemoriza no poder ser consciente de partir de este mundo cuando yo quiera.

 

Temo por mi legado (por dejar uno en realidad). Temo que con cada año hay alguien menos en mi vida y no alguien más. Temo no poder ser capaz de acompañar a mi hijo cuando sea adulto y necesite un padre que lo aconseje (así como el mío me acompaña hasta ahora). Y sobre todo, temo por no poder pedir ayuda cuando realmente la necesite.

 

He cumplido 40 años. No sé si es ya el inicio del final de mi vida, o simplemente el comienzo de una vida nueva, de dejar atrás la oscuridad que me invade desde el 21 de agosto de 2000, de atesorar cada momento con mi familia, de decirles que los quiero cada vez que pueda, de abrazar a mis amigos cada vez como si fuera la última… de poder volver a amar.

 

Cuarenta años ya… volveremos a vernos 40 años después?




sábado, 8 de agosto de 2020

El precio de un recuerdo

 

Cuando tenía unos 6 o 7 años me fascinaba el espacio y todo lo que tenga que ver con él. Me habían impactado varias películas como E.T., Starman, Star Wars y todos los dibujos animados que me hicieran fantasear con la idea de viajar al espacio.

Fue en esa época que mi padre me regaló para navidad la nave espacial de Playmobil. Yo estaba alucinado porque me pareció lo más bacán del mundo, sobre todo porque los trajes de los astronautas estaban basados en la peli "2001 Odisea del espacio" y al jugar con ella, yo siempre era el astronauta rojo.


A parte de la obvia alegría de tener un juguete tan bonito, esa nave se convirtió en una señal de que mi padre me entendía, era la primera vez que alguien me regalaba algo que yo realmente deseaba. Sin pedírselo, mi padre había atinado con el regalo perfecto para mí en ese momento. Esa nave representaba el amor y la gran admiración que tenía hacia mi padre.

Conforme pasó el tiempo se fueron perdiendo algunas piezas y rompiéndose, como lo haría cualquier niño con un juguete por más que sea su preferido e intente cuidarlo. Se desaparecieron algunos astronautas y poco a poco con el tiempo, la nave se esfumó.  Pero siempre se me quedó guardado el recuerdo de ese pequeño tesoro.

Nunca más volví a ver una de esas naves, ni en los supermercados ni en los comerciales de juguetes para las navidades siguientes.

Todo cambió hace un par de semanas, vi en una red social que alguien vendía una de estas naves en perfecto estado de conservación, con todos los accesorios y los tres astronautas completos, lo cual me pareció asombroso porque la fabricación de este modelo se descontinuó hace ya muchos años.

Miré las fotos del anuncio y sentí una gran nostalgia, el recuerdo del significado de esa nave me golpeó con furia. De repente yo era un niño sintiendo admiración y amor con la misma intensidad hacia mi padre, tal cual como cuando tenía siete años.


No lo pensé dos veces y la compré, era un precio alto, pero sentía que valía la pena. Será un firme recordatorio del cariño que le tengo a mi padre, que está tan cerca, pero a quien veo tan poco que a veces incluso me cuesta hablar con él. Pero allí está, esperando a que me anime a visitarlo. Tal vez vaya cuando no haya tanta gente en la playa o cuando no tenga dónde almorzar.


Ahora la nave, la misma que tuve de niño, pasará a estar en un lugar privilegiado de mi casa, protegido del polvo, de mi hijo y de cualquier niño que quiera jugar con ella, incluido mi niño interior.

miércoles, 3 de junio de 2015

Agujas y alfileres

La vi hoy, vi de lejos su rostro, ése rostro que había amado. Supe en ese momento que tenía que huir lejos y ponerme de rodillas a rezar, para que se alejaran. Pero aún así empiezan... las agujas y alfileres (por todo mi orgullo). Las lágrimas que tengo que ocultar.

Yo mismo creí que era inteligente, que había logrado ganar un corazón, no pensé que fuera verdad. Pero ahora veo que ella se merece algo más que a mí, la dejaré irse y que se quede con lo que ama. Y un día ella aprenderá cómo decir: ”por favor” y ponerse de rodillas.


Así es como empieza todo. Ella sentirá esas agujas y alfileres lastimándola, siempre lastimándola.

¿Por qué no puedo parar y decirme que estoy equivocado? Tan equivocado ¿Por qué no puedo levantarme y decirme que soy fuerte?

domingo, 31 de mayo de 2015

Hombre Lobo en Piura

Hay un hombre lobo en Piura. Lo he visto caminando de noche, deambulando un poco perdido por la ciudad. Suele llevar ropa negra, zapatillas rojas, cabello largo y una mirada melancólica. Prefiere los lunes por la madrugada para salir a las calles intentando buscar en la mirada de rostros desconocidos, los ojos de ella, esos ojos de Luna Llena de la muchacha piel de nieve, esos ojos que han transformado en lobo, a aquel solitario hombre ahogado por el insomnio. 

Su andar es lento y cansado, sus pasos tristes como la noche. Puede que lleve un libro bajo el brazo, o un morral cargado de apuntes y notas que se llenan de letras cuando reposa en alguna banca o parada de autobús.

Y alguna vez, cuando no hay nadie alrededor, no puede evitar aullar. Es una mezcla de rugido y llanto. Allí empieza su transformación, cambia de piel, su humanidad se desvanece y da paso a una bestia cargada de emociones y sentimientos que no se puede contener. Y así convertido en lobo corre bajo la luna llena atravesando la ciudad, esa luna que le recuerda los ojos de ella.



Y llega hasta su portal, y aúlla con todas sus fuerzas agazapado entre las sombras de los arbustos. Sólo los gatos callejeros corresponden ese aullido. Pero ella nunca, jamás, se asoma por la ventana. Los aullidos son transportados por el viento, que los aleja cada vez más y los termina perdiendo entre callejones llenos de animales abandonados. 

Es inútil, ella no saldrá jamás a mirarlo. Puede que lo escuche gritar o aullar pero prefiere seguir encerrada en su habitación. El hombre lobo la espera hasta que los primeros rayos del sol van tocando su piel, y devolviéndole otra vez su humanidad, para seguir sobreviviendo en esta ciudad.

Lo digo yo, que lo he visto.



Anoche salí a caminar y me topé con unas vidrieras grandes en la calle. Miré el reflejo, y allí estaba el hombre lobo, mirándome fijamente a los ojos a través del espejo, esperando la inminente transformación, para otra vez correr a su portal.

sábado, 2 de mayo de 2015

La literatura juvenil y una tarea de última hora.

¡Buenas noches, Caramanducos!
En está ocasión vengo con un post de fuerza mayor, es para una tarea que tengo justo en este momento, así que ahí le vamos.

La escritura juvenil va cobrando pasos agigantados desde hace muchos años, y no solo vamos a hablar de Harry Potter, quien digamos es uno de los impulsadores que ha marcado una especie de antes y después en la resonancia que ha tenido este genero.

Hoy en día los más viejos, saludos don Jonatan, se quejan de géneros como estos, aduciendo como dijo Mr. King, que no son literatura. La verdad creo que a mi humilde opinión, todo lo que podemos generar a través de nuestras ideas y como las atamos puede considerarse literatura, nuestras ideas e imaginación son la gran fuente de la que se han creado miles de libros ¿Por qué la imaginación de otro tiene que ser separada de la linea literaria? ¿Simplemente porque establecimos carreras distintas? ¿Su carrera o su éxito le hacen la persona adecuada para descalificar un titulo?
Bueno, Respeto a Mr. King, apruebo lo de que "crepúsculo" y "cincuenta sombras de Grey" son porno para adolescentes. Pero creo que la literatura Juvenil es por hoy una linea de partida si lo que queremos es crear jóvenes que se acerquen al camino de la lectura y le pierdan miedo a la misma.





Los jóvenes piden fuentes de entretenimiento, aceptemoslo y muchos miran los libros como un medio de alcanzar los brazos de Morfeo de forma contundente. Recuerdo que uno de mis seguidores, dijo que hasta Zen Zergak I no había leído nada, y ahora quería más historias parecidas, llenas de acción y aventura, un nuevo lector necesita un libro que le abra la puerta al camino de las letras. Y La LJ (Literatura Juvenil) logra eso en un gran sector como el que ahora son los adolescentes y jóvenes universitarios, logran captar su atención y les ofrecen mundos frescos, coloridos y en algunos casos oscuramente atrayentes. Así que ahora no les mademos a los chiquillos a leer Borges para interesarse por la lectura, aunque sea con el dolor de nuestro corazón escojamos algo más rojo o más rosa que les despierte las ganas de leer. 

Bueno creo que con esto me gano la nota, buenas noches y buenas letras. :D

P.D. Sí, sé que fui demasiado redundante, pero iba contra el tiempo.