La chica del cabello azul gusta mucho de caminar por la ciudad, cuando
sale del trabajo (o de estudiar) no quiere que vaya a buscarla en mi
vehículo. Prefiere que la encuentre a pie para luego ir juntos a perdernos
de la mano por las atiborradas calles de la ciudad.
Siempre va con sus audífonos tipo vincha, escuchando desde
Sui Generis hasta Raphael, le gusta usar coleta y a veces se ata todo el
cabello en un moño encima de su cabeza, me encanta cómo le queda así.
A la chica del cabello azul no le gusta ver televisión, en
su habitación este aparato se empolva y muere de olvido hace mucho tiempo. Ella
prefiere venir a mi casa, tirarnos en el sofá y ver series por internet, esas
series frikis que me gustan desde hace mucho y que ella adora. Podríamos
pasarnos horas y horas sin darnos cuenta, mirando temporadas enteras de
nuestros superhéroes favoritos.
Me gusta que le gusten mis libros (sí, incluyendo el de los
poemas), su cuento preferido es “Tu pueblo también”. Me encanta verla leer los
libros de mis amigos caramanducos. Siempre me pregunta cuándo saldrá la segunda
parte de Zen Zergak, porque le gustó tanto la primera que no puede esperar
mucho a leer el siguiente volumen.
La chica del cabello azul intenta hacerme enojar
discutiéndome sobre el Señor de los Anillos y Star Wars, ella dice que prefiere
mil veces más Star Wars, aunque yo intento hacerle ver que son dos cosas
totalmente diferentes, y allí empiezan esas tontas discusiones que siempre
terminamos apaciguándolas con un beso.
A ella le encanta jugar con mi gata, aunque mi Asuka no la
quiere mucho, siempre la rasguña o la muerde, pero a ella no le importa. Ama
los animales y está empecinada en ganarse el cariño de mi mascota
La chica del cabello azul usa zapatillas rojas, verdes y
violetas, y a veces usa calcetines de diferentes colores, me encanta verla así,
con sus lentes de hipster, su casaca jean de color verde y esos pantalones
ajustados que le enmarcan su delgada figura.
Ella me mira y sonríe, abre su morral (ése que siempre usa y
lo lleva a todas partes) y saca un cd pirata de Carla Morrison. Vamos a escucharlo
-me dice- y nos tumbamos en el sofá a escuchar el disco entero sin decir una sola
palabra.
A la chica del cabello azul le encanta decir
"mierda". Creo que es su palabra favorita. Ya me acostumbré a eso.
Podemos estar sentados en una vereda conversando y de pronto pasa una mamá con
su pequeño hijo camino al colegio. "Vaya mierda de uniforme" dice
ella sin el menor reparo. Sólo atino a reírme nerviosamente y mirar a la pobre
madre con cara de "Discúlpela por favor"
Todas las mañanas se levanta muy temprano, antes que yo. Y me manda un whatasapp diciéndome "dame un beso cuando despiertes". Adoro ver esos mensajes al despertar. Y cada vez que nos encontramos, prefiere mil veces que le de un beso, antes de decirle "Hola".
La chica del cabello azul intenta aprender a tocar guitarra,
pero no es su prioridad, lo hace cuando puede y le sobra tiempo, después claro,
de haberme dado una paliza jugando Street Fighter, derrota que suelo revertir
ganándola en Need For Speed.
Le encanta el karaoke, a veces cuando estamos aburridos
ponemos youtube y buscamos algunas pistas para desgañitarnos cantando a viva
voz y en mal inglés las primeras canciones que se nos pasen por la cabeza.
La chica del cabello azul llega a aburrirse del mundo pero
no de mí. Y cuando se harta de todo suele cortarse el cabello y cambiárselo de
color. Hace poco pasó por un problema familiar que la puso bastante melancólica,
al otro día cuando fui a buscarla, se había cambiado el color a morado. No te
lo quites nunca -le dije yo- es mi color favorito. -Te amo- respondió ella.
Hay tantas cosas que adoro de la chica del cabello azul (a veces
violeta), que me gustaría que ella fuese real. Que de verdad esté esperando por
mí en algún lugar y tiempo. Pero a veces me asusto al no encontrarla, porque me
quedan tan pocos sitios por recorrer y muy poco tiempo para buscarla.
No la busques, ya llegará -me dijo alguien hace poco- Pero
la idea de no encontrarla me aterra. Aún así esperaré pacientemente a
conocerla, a encontrarme con ella de casualidad, a animarme a hablarle por
facebook a media noche, a insistirle que regrese a esta ciudad, a rogarle que
me elija a mí y no a su trabajo, a chocarme con ella entre la multitud de un centro
comercial, a que me la presente algún amigo entre vinos de plazuela, a pedirle intentarlo
una vez más a pesar de todo, en fin, tantas posibles variantes que el universo
nos puede preparar para encontrarnos por primera vez.
O quién sabe, puede que sea quien comparta conmigo mi lecho
esta noche, y tal vez al despertar, decida pintarse el cabello de color azul.
No hay comentarios:
Publicar un comentario