miércoles, 15 de marzo de 2023

¿Papá a medias?

 

Era una fría mañana hace diez años, se veía la nieve caer afuera del hospital y yo tenía ya varias horas sin dormir. Pero ella la estaba pasando mucho peor, el dolor que manifestaba me hacía sentir impotente y no había nada que yo no pudiera hacer salvo esperar.  

De pronto los gritos se volvieron más agudos y allí estaba él. Un ser pequeñito cubierto de una capa blanquecina de grasa. Lo limpiaron, lo secaron y se lo acercaron a ella. De inmediato y por instinto se aferró al pecho que lo alimentaría. En ese momento supe que mi vida no volvería a ser la misma.




Me perdí el primer año de su vida, yo estaba en otro país y no pude hacer mucho desde tan lejos. Pero ella se esforzaba en mantenerme al tanto de su crecimiento. Al regresar sentí que volví a recuperar el tiempo perdido con mi pequeño, pero nos volvimos a alejar. Ahora vivíamos en casas distintas.

 

Cuando él era más pequeño yo intenté nutrirlo con mis gustos musicales y de películas, lo cual me trajo varias discusiones con ella. Yo sentía que él las disfrutaba, por ejemplo, íbamos en el auto cantando a viva voz canciones de Ramones o Gorillaz, y luego veíamos películas de super héroes en la casa.




 Pasó el tiempo y él ha ido creciendo, a veces se parece a mí, a veces a ella. A veces siento que no se parece a nadie de su familia, pero sigue creciendo y descubriendo su verdadero yo.

 

Es inteligente, cuidadoso, tierno, imaginativo, amoroso, optimista, leal y animalista como su madre. Pero es desordenado, impetuoso, perezoso, distraído, alocado y adicto a los videojuegos como yo. Sacó lo mejor de cada uno (guiño guiño).

 

 

Si bien no nos vemos a diario, ni lo acuesto a dormir todas las noches, o tampoco estoy allí cuando una pesadilla lo despierta en la madrugada, intento acompañarlo en otros momentos donde puedo aprovechar al máximo estar con él, jugar un rato, salir a pasear, hacer videos juntos o enseñarle matemáticas. Y quiero hacerlo ahora, porque no falta mucho para que elija pasar mil veces pasar el tiempo con sus amigos y no con sus padres. Pero es así, es normal, un proceso natural por el que no debería quejarme o afectarme, yo también pasé por eso.





A veces salimos los tres a comer, o nos vamos de viaje o simplemente vamos a la playa. Porque él debe entender que, aunque sus padres ya no están juntos, haremos siempre lo mejor para que él se sienta seguro, feliz y amado por nosotros dos.

 

Ella siempre se llevó el mayor trabajo, y la admiro por eso. Siempre estuvo despierta en esas madrugadas donde se puso enfermo, ha resistido más enfermedades a su lado, ha sufrido más disputas en el colegio, lo ha cargado muchas más veces que yo, se ha ganado cóleras y llantos discutiendo con él, donde yo no puedo hacer mucho para apaciguar esas dos mareas agitadas.




Ella siempre ha hecho más por él, y por eso yo no sólo estaré eternamente agradecido, sino que haré todo lo posible para que se sienta bien y tranquila. Es lo mínimo que puedo hacer en agradecimiento por cuidar más tiempo de él. Y, sobre todo, por haberlo traído al mundo.


 

Ya han pasado diez años desde esa fría mañana nevada en ese lejano hospital. Me da un poco de temor afrontar los años que aún están por venir, pero quiero encararlos con optimismo. Porque estoy seguro que a pesar de todo, no estoy haciendo un mal trabajo como padre. No creo ser un padre a medias, como alguna vez me lo han dicho. He intentado aplicar con él la misma paternidad amorosa que viví con mi padre, y no tengo mejor ejemplo.


 

Yo siempre estaré dispuesto a recibirlo en mi casa, solo o con cinco gatos o quince amigos que vengan a pedir comida. Aquí estaré para aconsejarlo, para calmarlo cuando le rompan el corazón, para ver juntos películas de terror cuando deje de temerles, para darle propina cuando se quiera ir de fiesta, o para irlo a recoger cuando no esté sobrio.



Allí estaré para lo que sea que la vida le presente, y ella también estará lista. Incluso si decide decirnos adiós, cuando crea encontrar a su alma gemela.

 

Pero aún falta mucho para eso. Por ahora seguiré disfrutando de su inocencia de diez años, de su risa, de su humor y sus ocurrencias.

 

Seguiré siendo un papá completo, aunque nos veamos medio tiempo, porque creo que no hay nada en lo que quiera esforzarme más, porque ese pequeño llegó inesperadamente, cuando dejamos de buscarlo.






domingo, 25 de septiembre de 2022

Él Mató a un Policía Motorizado

No, no es el titular de una noticia. Es el nombre del grupo del que voy a hablar ahora, sólo porque sí, porque poca gente conoce este gusto mío y porque hace unos días los volví a ver en concierto.

Era un 9 de mayo de 2015 la primera vez que los escuché. Había estado en casa con mis amigos en otra noche de póker y whisky barato. Solía irme a dormir dejando la tv puesta con música de YouTube, se reproducían canciones aleatorias que no conocía.


 

Estaba a punto de quedarme dormido cuando sonó una canción que me pareció hermosa. Con una letra que se repetía constantemente. Una voz medio rasposa intentaba ser tierna y melódica mientras la canción me hipnotizaba de a pocos. La letra hablaba sobre una chica llamada Jenny, y pocos saben que ése es uno de mis nombres favoritos. Así que para ser la primera vez que escuchaba la canción, ya me había rendido ante ella. 

Pero no quise levantarme de la cama, tal vez el whisky ya había hecho su efecto y no me dejaba ponerme en pie. Y luego, acabada esa canción siguió una más y logré identificar la misma voz. Esta vez las letras hablaban sobre pasar los últimos momentos con la persona que amas. Igualmente me hipnotizó.

Nuevamente no pude levantarme de la cama, pero esas dos canciones se quedaron impregnadas en mi subconsciente. Y mientras la tv seguía reproduciendo melodías aleatorias, me quedé dormido.

Al otro día ya con mis cinco sentidos volviendo a la normalidad, fui al historial de canciones que se estuvo reproduciendo durante toda la noche, buscando canción por canción hasta lograr ubicar esas dos melodías que tanto me habían llamado la atención. 


Y eso fue todo, me obsesioné en secreto de ellos. Él Mató a un Policía Motorizado me hacía sentir más triste cuando necesitaba estarlo (que era casi siempre) y me daba ciertas alegrías o pinceladas de esperanza cuando según mi estado de ánimo, lograba pensar en el amor, y sonreír (cuando era joven y en el amor creía).


Cada canción es como un mantra, con frases cortas o palabras que se repiten una y otra vez, las letras no son tan extensas pero suficientes para dejarme anonadado. La voz y los instrumentos parecen no encajar, pero terminan fusionándose de forma tan sublime, que no me hace más que querer seguir escuchándolos más tiempo.


Tuve la oportunidad de verlos en concierto en el Vivo x el Rock del 2019, fue una presentación accidentada y muy corta, ya que cada banda sólo tenía media hora de show. Grité y canté a todo pulmón las canciones, y saltaba cada vez que podía. Me sentí completamente alegre. Pero me dejaron con ganas de más.


Hace unos días tuve la oportunidad de volver a verlos en concierto, esta vez en un show de dos horas sólo de ellos, y en primera fila además.

Pero esta vez la experiencia fue totalmente distinta a la del 2019. Esta vez no sentí alegría, me invadió una gran sensación de melancolía y soledad. Era como estar solo frente al grupo, sentí que no había gente a mi costado, por más que casi todos saltaban y gritaban entonando las canciones. 

Yo cerraba los ojos y cantaba para mí, intentando acompañar al vocalista. No sé si porque ya tengo 40 años, o porque el olor de la yerba que se sentía por todas partes me había afectado un poco, o porque con los años siento estas canciones cada vez más profundas; pero me desconecté del resto del público, y disfruté del concierto a mi modo.

Lloré mucho cuando cantaron "Fuego" uno de mis temas favoritos. Era inevitable que mis lágrimas acompañaran la canción, salían de forma inconsciente (No lloraba en un concierto desde Arcade Fire, allá por el 2017) 

Y sí canté a viva voz cuando "Chica de oro""El mundo extraño" tuvieron su turno en el set list.


"Quiero estar con vos
Que me quieras así
Liquidado estoy
Esperando hasta el fin
Sé que es lo peor
Pero ésta es la mejor versión de mí"



Definitivamente este concierto lo llevaré en mi corazón por mucho mucho tiempo, por todo lo que significó y por cómo me hizo sentir.

Y sin más, los dejo con esas dos primeras canciones que escuché la primera vez, los mismos videos que se metieron en mi cabeza una lejana madrugada hace siete años:






 





viernes, 19 de agosto de 2022

¿Ya tengo 40 años?

 

Cuando era un niño feliz allá por mis 10 u 8 años e iba a un centro comercial, a la hora de pasar por caja siempre me parecía que las personas que atendían eran mucho mayores que yo. Esa sensación de que los otros eran los adultos me duró mucho tiempo. Y no sólo con las cajeras, sino con la gente en general que ofrecía algún servicio, como doctores, empleados, taxistas, etc.

 


Conforme pasaron los años y fui creciendo, aún sentía que yo era el más joven. Veía a todos con cierta admiración, elogiaba a las demás personas que podían prestarme cualquier tipo de servicio. -Algún día yo también seré grande- me decía siempre para convencerme que yo aún no había terminado de crecer.

 


Pero una mañana hace pocos años, desperté y fui al supermercado, llené el carrito de compras con los productos usuales que solía adquirir para pasar el fin de semana con mis amigos. Fui a caja y la persona que me atendió era una joven, evidentemente menor que yo. - ¿Qué está pasando? - pensé confundido.

 

No supe bien qué hacer. Después del supermercado fui al banco a tramitar mi tarjeta, y la persona que me atendió era al menos 10 años menor que yo. -Esto no puede ser normal ¿es que estoy en otro universo y no me he dado cuenta? –

 

Salí corriendo a la calle, confundido, desorientado, sin saber exactamente qué pasaba. Miré a mi alrededor y constaté lo peor que temía: todos eran menores que yo... la señora de la limpieza, el taxista que me esperaba, las parejas con hijos que paseaban de la mano, incluso la chica que me gustaba… TODOS.

 


Tuvieron que pasar muchos días para aceptar esa nueva verdad. ¿En qué momento crecí? Nunca me di cuenta, esa bofetada de realidad remeció toda mi interpretación del mundo. Ahora, el adulto, el grande, el mayor, era yo.

 

No pude aceptarlo, no podía resignarme a haber crecido. Pero no podía hacer más, así comprara todos los Transformers que no pude tener de niño y viera con mi hijo las películas que marcaron mi niñez, ya no había marcha atrás.

 

Y el tiempo volvió a pasar, de repente dejó de emocionarme cumplir años, de repente mi gata había fallecido a sus 12 años, de repente yo estaba solo, de repente Bowie había muerto, de repente mi hijo ya tenía 9 años, de repente sólo escuchaba The Cure.


 *****


Y esta mañana, abro los ojos y me doy cuenta que han pasado 40 años desde que llegué a este mundo. Me atemoriza la idea de envejecer y ser la carga de alguien más, la inutilidad física, el volverse dependiente de alguien más incluso para comer e ir al baño. Me atemoriza no poder ser consciente de partir de este mundo cuando yo quiera.

 

Temo por mi legado (por dejar uno en realidad). Temo que con cada año hay alguien menos en mi vida y no alguien más. Temo no poder ser capaz de acompañar a mi hijo cuando sea adulto y necesite un padre que lo aconseje (así como el mío me acompaña hasta ahora). Y sobre todo, temo por no poder pedir ayuda cuando realmente la necesite.

 

He cumplido 40 años. No sé si es ya el inicio del final de mi vida, o simplemente el comienzo de una vida nueva, de dejar atrás la oscuridad que me invade desde el 21 de agosto de 2000, de atesorar cada momento con mi familia, de decirles que los quiero cada vez que pueda, de abrazar a mis amigos cada vez como si fuera la última… de poder volver a amar.

 

Cuarenta años ya… volveremos a vernos 40 años después?




sábado, 16 de enero de 2021

La Carmen

Mi madre me enseñó a no hacer trampa. Tal vez ella no lo recuerde pero cuando yo tenía  6 años ella me estaba tomando la lección  y una de las preguntas era: ¿Qué es el diccionario? Yo tenía mi cuaderno al lado e intenté revisarlo para decir la respuesta, pero me descubrió y aprendí a la mala que eso no era honesto.


La Carmen representa un gran peso en mi vida. Creo que gracias a ella soy quien soy ahora. Esa mujer estuvo enseñándome (a su manera) cómo enfrentar el mundo. Por ejemplo, enseñarme a manejar bicicleta a punta de pellizcos o aprender a la mala que la comida jamás debía caerse del plato. 


Yo fui el experimento, la prueba, su primer intento de ser madre. Y quizás por eso no la pasé tan bien cuando crecía. Intenté huir muchas veces y otras tantas me encerraba en mi mundo con tal de no cruzarme con ella en la misma casa. El rockanroll a todo volumen y la puerta con llave de mi habitación eran mi único refugio cuando los castigos eran casi incontables.





Pero luego crecí, y ella creció conmigo. Ambos aprendimos de los errores y   de las cosas que no están bien. Ella tuvo la  oportunidad de ser madre más veces y estoy seguro que aprovechó cada una de esas etapas para ser cada vez mejor. Así que puedo decir con seguridad que mi última hermana conoce a la mejor versión de la Carmen hasta ahora, salvo que se anime por un descendiente más.


Pero, aunque ella tuvo más hijos, yo sólo tengo una madre, y no tuve la oportunidad de ir mejorando como ella. Aprendí de cero. Aprendí que en el fondo todo lo que hizo cuando éramos niños sirvió para algo. Porque no todos mis recuerdos son malos, muchos de ellos son tiernos y reales. 


Así que, puedo decir con seguridad que todo el amor que siento hoy por ella es real. Porque ese amor creció conmigo, y no tuve a otra persona más para dárselo. La Carmen es dueña de este sentimiento que me ha acompañado por mis treinta y tantos años . Y créanme cuando digo ella es y será la mujer más importante en mi vida.





Y claro que también la recuerdo con canciones. Tal vez ella no lo recuerde, pero yo sí. Yo tenía 5 años y mientras la Carmen planchaba la ropa, en la radio sonaba “La gata bajo la lluvia” de rocío Durcal. Y yo la miraba desde mi cuarto, hipnotizado al ver cómo la cantaba. 


Así que espero que se quede tranquila, que no tengo padres favoritos. Somos lo que somos gracias a ella.











sábado, 8 de agosto de 2020

El precio de un recuerdo

 

Cuando tenía unos 6 o 7 años me fascinaba el espacio y todo lo que tenga que ver con él. Me habían impactado varias películas como E.T., Starman, Star Wars y todos los dibujos animados que me hicieran fantasear con la idea de viajar al espacio.

Fue en esa época que mi padre me regaló para navidad la nave espacial de Playmobil. Yo estaba alucinado porque me pareció lo más bacán del mundo, sobre todo porque los trajes de los astronautas estaban basados en la peli "2001 Odisea del espacio" y al jugar con ella, yo siempre era el astronauta rojo.


A parte de la obvia alegría de tener un juguete tan bonito, esa nave se convirtió en una señal de que mi padre me entendía, era la primera vez que alguien me regalaba algo que yo realmente deseaba. Sin pedírselo, mi padre había atinado con el regalo perfecto para mí en ese momento. Esa nave representaba el amor y la gran admiración que tenía hacia mi padre.

Conforme pasó el tiempo se fueron perdiendo algunas piezas y rompiéndose, como lo haría cualquier niño con un juguete por más que sea su preferido e intente cuidarlo. Se desaparecieron algunos astronautas y poco a poco con el tiempo, la nave se esfumó.  Pero siempre se me quedó guardado el recuerdo de ese pequeño tesoro.

Nunca más volví a ver una de esas naves, ni en los supermercados ni en los comerciales de juguetes para las navidades siguientes.

Todo cambió hace un par de semanas, vi en una red social que alguien vendía una de estas naves en perfecto estado de conservación, con todos los accesorios y los tres astronautas completos, lo cual me pareció asombroso porque la fabricación de este modelo se descontinuó hace ya muchos años.

Miré las fotos del anuncio y sentí una gran nostalgia, el recuerdo del significado de esa nave me golpeó con furia. De repente yo era un niño sintiendo admiración y amor con la misma intensidad hacia mi padre, tal cual como cuando tenía siete años.


No lo pensé dos veces y la compré, era un precio alto, pero sentía que valía la pena. Será un firme recordatorio del cariño que le tengo a mi padre, que está tan cerca, pero a quien veo tan poco que a veces incluso me cuesta hablar con él. Pero allí está, esperando a que me anime a visitarlo. Tal vez vaya cuando no haya tanta gente en la playa o cuando no tenga dónde almorzar.


Ahora la nave, la misma que tuve de niño, pasará a estar en un lugar privilegiado de mi casa, protegido del polvo, de mi hijo y de cualquier niño que quiera jugar con ella, incluido mi niño interior.

viernes, 28 de abril de 2017

La princesa que no sabía besar

Hace mucho tiempo, en un reino muy lejano conocí a una princesa. Era menor que yo. Una niña angelical, pícara y traviesa. Su inocencia y ternura podían cautivar a cualquiera. Yo estaba de visita en aquella lejana tierra. Al partir, nunca la olvidé. Supuse que cuando ella creciera sería la típica princesa de los cuentos de hadas, la más dulce y tierna de todas ellas.


Pero estaba muy equivocado. Conforme pasó el tiempo la princesa creció. Cambió sus clases de cocina por cacerías en el bosque. Dejó de jugar con sus muñecos de trapo para jugar con príncipes ingenuos. Cambió las coletas por un cabello largo y naranja.

Dejó de ser la dulce princesa que esperaba historias en la noche para dormir y de cuya boca sólo salían palabras de aprecio y amor a los animales. Su cuerpo se desarrolló, se volvió hermosa a los ojos de cualquier mortal. Pero era dura, de mirada y palabras punzantes y frías.

Le gustaba devorar libros enteros sobre leyes y normas. Quería salir a comerse el mundo, conquistarlo. Derrotarlo si es posible.

Pobres aquellos príncipes que intentaban cortejarla. Ninguno estaba a su altura, ninguno era suficiente. Nadie le daba la felicidad que secretamente deseaba.

La princesa sólo los usaba para mantener compromisos orquestados para no perder su título real. Curiosamente, los desdichados príncipes al cabo de un tiempo terminaban destrozados, humillados, con el corazón hecho trizas y despojados de sus tesoros.


 La princesa se lo quedaba todo, hasta el alma. Podía poseer cuanto quisiera y a quien quisiera.

Pasó mucho tiempo hasta que volví a encontrarla. Era de madrugada cuando nuestros caminos se cruzaron una vez más. Ella había salido de cacería en un bosque lejano y se había perdido. Su mirada fue de alivio cuando me vio. Aunque no quiso aceptar que necesitaba ayuda, accedió gustosa subirse a mi carruaje.

Me reconoció al instante.  Yo apenas había cambiado un poco en todos esos años. Seguía muy flaco y con el cabello largo. Cantando con mi grupo en las aldeas donde me inviten. Sin un castillo que poder ofrecerle ni riquezas que pudieran sorprenderla.

Pero fue amable conmigo. Conversamos por horas sobre tantos temas y nos dimos cuenta que teníamos infinidad de cosas en común, sobre todo musicales. Incluso me contó que hace muchos años fue a verme secretamente cuando me presenté en un pueblo cercano a su reino.

Estaba encantado. Fue como si todo lo que me habían contado de ella no importara. Y en un momento crucial e inesperado de la madrugada, besarla fue inevitable.



Yo, que había conocido a tantas doncellas a través de mis viajes y en tantos años, supuse que el beso de una princesa sería la experiencia más maravillosa de todas. Pero no fue así. La princesa no sabía besar.

Fue el beso más extraño que tuve. No pude esconder mi desconcierto y se lo dije directamente “No pensé que no supieras besar”. Ella se indignó. Me dijo que todos sus príncipes le habían dicho que sus besos eran los mejores que jamás hubieran probado.

Tuve que destrozar su ilusión. Le dije la verdad, que ellos dirían lo que sea para no perderla. Ella no quiso aceptarlo. Su cólera era evidente. Se bajó del carruaje prometiendo no volver a verme.

Sin embargo la princesa no reparó en algo. Tal vez por mi edad o mi experiencia, nadie la había besado tan bien como yo. Y eso le hacía perder la razón. Ella sentía rabia por mí porque yo era consciente que ella no sabía besar, pero a la vez enloquecía por volver a probar mis labios.  

La princesa rompió su promesa. Se escapaba de su alcoba cada vez que podía para poder pasar las madrugadas conmigo. Me besaba intensamente. Pero al acercarse el amanecer, la dualidad en ella reinaba otra vez. Con cada mañana su cólera volvía. Me decía que me odiaba por decirle que no sabía besar. Y se marchaba dando un portazo al carruaje.

Y así cada vez que huía conmigo. Tierna de madrugada, pero una fiera al amanecer.

Yo estaba encantado con ella. Adoraba pasar esas madrugadas huyendo de su reino y ocultándonos en los lugares más insospechados. Pero no le daba importancia a su cólera. Porque sabía que tarde o temprano volvería a buscarme. Y así sin darme cuenta, empecé a quererla.

Ella empezó a cambiar conmigo. Su cólera era cada vez más fuerte. Los gritos se trasformaron en insultos, y los insultos en maldiciones. La cólera ya no sólo despertaba al amanecer. A veces incluso reinaba de madrugada.

No lo pudo superar. Ella cambió conmigo cuando yo estaba dispuesto a cambiar por ella, incluso dejar mi grupo musical y mudarme cerca de su castillo. Pero su ira no retrocedió. Crecía cada vez que compartía una madrugada conmigo.

Una noche la esperé según lo acordado. Esa noche quería sorprenderla contándole que por fin había renunciado a mi grupo musical, además de enseñarle el título de mi nueva propiedad cercana a la suya. Pero sobre todo, para decirle que no me importaba que no supera besar, que a pesar de todo, la amaba. Aguardé pacientemente pero nunca apareció.

La esperé cada madrugada a las puertas de su castillo. Apenas alcanzaba a ver la luz de las velas en la torre donde ella dormía, pero ni siquiera se asomó a la ventana.

Una madrugada me cansé de esperarla. No volví a acercarme a su castillo ni a su reino. Tuve que matar lentamente el amor que tanto me había costado construir para ella. Tuve que destrozarlo todo. 

Me pregunto si fui yo uno más que no estuvo a su altura, o si sólo fui un capricho para ella, una obsesión por los besos que yo le daba. O si me amó verdaderamente y decidió no verme más para no convertirse en la típica princesa de los cuentos de hadas.


No la volví a ver jamás. Me pregunto a veces en mi soledad y acariciando mi larga y canosa barba ¿Qué será de aquella hermosa princesa? La única que no sabía besar.




domingo, 13 de noviembre de 2016

La muerte de la amistad

Así un día sin más dejaron de escribirse. Ya no habían mensajes de “Hola” a las mañanas, ya no había el interminable conversatorio nocturno antes dormir. Ya no habían videollamadas al cenar, o al pintar las paredes y arreglar la habitación.

Se acabaron los abrazos a escondidas, esos besos a oscuras, incluso las ganas de contar las cosas personales, los secretos que compartieron siempre, las confesiones que aunque dolían, eran para seguir creciendo juntos.

Así un día sin más pasaron a ser dos extraños que sólo hablaban cuando era necesario  y sólo por las redes sociales. Ya no había "ven a verme" ni "vamos a comer algo". Él no podía con esa  alocada juventud que era ella, ése descubrimiento de nuevos amigos, esas noches de amanecida de estudios y fiestas universitarias. Y ella no podía con el ritmo de vida tan difícil que él llevaba, esas largas horas de trabajo y los temas de conversación tan aburridos para ella.



Un día sin más dejaron de ser mejores amigos y pasaron a ser conocidos, extraños... ella prefería salir a bailar, él quedarse en casa tomando café. Sus caminos se hacían cada vez más lejanos. Y pensar que pudieron llegar a ser grandes... muy grandes.

Pero les ganó la vida y las cosas que nuevas que descubrían cada día.
A ella le quedará un empolvado delfín de peluche que envejece en su armario. A él le quedarán unas fotos impresas en un sobre guardado en su cajón, que van perdiendo color cada día con la humedad.


Y ese amor que hubo, incluso esa amistad, quedaran guardadas tal vez en lo más profundo de sus corazones. Ella no lo sentirá, él la recordará en silencio. 

Ella quiso alejarse, él no supo darle tiempo. Y así, sin más, un día pasarán a ser dos extraños que evitan las miradas, aunque en el fondo de sus corazones añoren volver a reír otra vez, y un beso a escondidas, un beso que no signifique nada, de esos que ambos preferían.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Entrevista de semblanza (o como los hipster le llaman: profile)

Comparto con ustedes la inusual entrevista que me hizo la conocida reportera Bareska  López:

Jonatan Melquiades Reyes, egresado de la Universidad Nacional de Piura, de la escuela de comunicaciones, me recibe con su camisa a cuadros bajo la que se oculta su faceta friki (una camiseta de Superman, su héroe preferido)― y con afabilidad nos relata su experiencia como escritor y sus inspiraciones y curiosidades de su obra “Muñeca de trapo”, así como su anterior faceta de estudiante y su continua personalidad creativa y de ávido lector. Además de confesar su modo de captar la atención de sus lectores.


―¿Por qué y cómo decidiste ser escritor?
Bueno no lo sé, no es una decisión, es algo que he tenido toda mi vida porque viene de familia; mi padre es artista, escribe, hace canciones, ha hecho teatro. Y creo que por ese lado empezó todo, ya desde pequeño participé y gané algunos concursos de poesía.

―¿Cuándo salió tu primer publicación?
Mi primer libro salió en quinto de secundaria, en el año… uf hace mil años, no recuerdo exactamente cuál fue (risas), creo que fue en el 99. Yo estaba en quinto año de secundaria y fue un poemario del cual me avergüenzo mucho porque para mí era un trabajo “malo”, aún así se decidió hacer el libro.

―¿Te considerabas un novato todavía en el tema de la escritura?
En esa época sí, ahora considero que he mejorado bastante y ya tengo un estilo definido.

―Tu primer libro fue de poesía pero el segundo son relatos cortos. ¿Por qué ese cambio de la escritura en verso, por la escritura en prosa?
El cambio se debe a que siento que los cuentos me salen mucho mejor que las poesías. Como he mencionado, mi primer poemario me hace sentir un poco avergonzado  porque pienso que son poesías muy adolescentes, muy concentradas en el amor idealizado, que en su tiempo las escribí por ciertas situaciones pero que una vez crecido las volví a leer y me dije a mí mismo “¡Dios, cómo pude escribir esto!” (risas). Entonces últimamente no escribo poesías, aunque sí participo en un blog llamado “Blog de a cuatro” donde suelo publicar escritos con mucho de ese estilo poético. Sin embargo creo que me queda mejor la prosa.

―¿Cuál fue tu experiencia en la publicación de tu primer libro? ¿Contaste con el apoyo de tu familia o fue un trabajo constante y duro?
No, al contrario. El primer libro llamado “Una vida, un verso”, fue más bien una motivación de mis padres quienes lo querían sacar como una especie de publicidad para “Emaus”, empresa en la que trabajo actualmente. Yo no estaba muy de acuerdo porque sentía que el material que había elaborado no tenía condición publicable. Pero se sacó y así fue. De hecho no estuve muy involucrado en el proceso de impresión.

―¿Con “Muñeca de trapo” tuviste la misma experiencia?
Con esa última obra sí estuve bastante involucrado en cada proceso. Es más una vez publicado el libro, mis amigos de Caramanduca me ofrecieron un lugar en la editorial que acepté y ahora también trabajo en edición, correcciones de otras obras. Yo, definiría a “Muñeca de trapo” como mi primer libro oficial.

―¿Entre los autores que lees, hay alguno en especial que te haya influenciado?
Sí, yo creo que tengo tres autores que me influenciaron mucho, a los que estuve leyendo bastante en una época donde también escribía mucho. Son J. R. R. Tolkien, Edgar Alan Poe y Julio Verne, a los tres los he leído y releído muchísimo.

―¿Cuál es tu obra favorita de Verne? ¿Las has leído todas?
Mi obra favorita de Verne es “La Jangada”. Hubo una época en la que perdía clases por quedarme leyendo horas a Julio Verne. No sé si he leído todas pero la mayoría de hecho sí. De igual manera sucedió con Tolkien y “El señor de los anillos”, obra que he leído dos o tres veces.

―¿Y la influencia de esas lecturas de fantasía, ficción y surrealismo, ha sido plasmada en tu libro “Muñeca de Trapo”?
Sí, hay muchos cuentos que yo los considero de ese estilo.

―En esa obra que recopila varios relatos cortos, está el cuento “Piedra, papel o tijera” ¿Tiene alguna referencia a algo?
Obviamente, la película “El joven manos de tijera” es una de mis películas favoritas ―por no decir la preferida ―. Mi influencia para escribir no viene tanto de autores de libros y mucho menos de los clásicos, sino más bien de otras artes como lo son la música y el cine. Como este primer cuento de “Muñeca de trapo” que hace tributo a la película ya mencionada.

―¿Y ese rechazo hacia los clásicos a qué se debe?
Bueno en mi casa todo el mundo lee autores y obras clásicas, pero que sean mis preferidos o que de mi nazca leerlos, no. Creo que tiene que ver con que en el colegio me impusieron leerlos como parte de la evaluación, entonces no me agradaron porque lo sentí como una imposición y no como algo mío.

―¿Cuáles han sido tus influencias musicales?
Una de éstas se muestra en el cuento "Mr. Jonks" donde doy paso a una canción de Queen, "Bohemian Rapsody". Quien no conoce o entiende esta canción, no le hallará mucho sentido al cuento. Otra influencia está en el relato "Interestelar".

―"Insomnio" es uno de los cuentos que más impacta y causa temor cuando se lee. ¿También te ha impresionado o atemorizado escribir alguna de esas historias?
De hecho sí, está el cuento “Reflejos” que a pesar de que yo lo había escrito, cuando al fin lo leí en la noche, tuve un fuerte temor  y recuerdo que volteaba la cabeza observando toda la habitación para asegurarme de que no había nada.

—La mayoría de tus relatos empieza con la narración de acciones y personajes muy normales, pero llega un momento sorpresivo ―casi al final― en donde se muestra la verdadera personalidad oscura o escondida de los personajes.
Sí, es lo que intento con mis historias. Tenía un profesor que siempre decía que para impresionar a los lectores había que “voltear” la historia, darle un rotundo cambio, “noquear” al lector. Y eso es lo que trato de hacer en ellas.
Hay una cosa que yo aclaro a los lectores cada vez que puedo, y es que si bien los relatos que escribo recogen temas oscuros, de terror, muerte, etc; yo no soy así. No voy planeando muertes o ataques en mi vida, no soy una persona depresiva. He tenido mis malos momentos, como cualquier persona, y he usado la escritura como instrumento de catarsis.

―Estuviste residiendo un tiempo en España ¿Qué obtuviste de ello?
En España, de hecho, surge el libro; ahí es donde escribí el primer cuento “Muñeca de trapo”, que salió de tirón. Fue como una catarsis en un momento complicado de mi vida, cuando estaba solo, lejos de mi familia y de mi hijo. Tenía un bajón muy fuerte. Entonces si uno lo lee observa que el cuento es bastante oscuro, donde se plasma esa parte de mi vida. Lo cual no está bien, sé que no es sano escribir cuando estás mal influenciado.

―¿Está en tus planes escribir una novela?
Me gustaría escribir una novela pero no logro mantener una historia larga. Es mas en la universidad empecé a escribir una novela en un cuaderno, tenía la historia de un héroe de un país que tenía una princesa. Entonces, cuando ésta se mata, él se haya en la decisión conflictiva de seguir siendo un héroe o convertirse en un ser malvado para ir al infierno y encontrarla. Hasta que el cuaderno se perdió en la universidad y nunca lo encontré. Entonces me desanimé y pensé que mejor me quedaba con los relatos cortos que es lo que mejor se me da.

―¿Tienes nuevos proyectos?
En cuanto a escritura sí, tengo varias historias que pienso sacar en una nueva obra. Incluso pienso sacar una re-edición de “Muñeca de Trapo”. Por otro lado con los muchachos de Caramanduca estamos trabajando en el proyecto audiovisual llamado “Comadrejas” en Youtube. Es un hobbie que disfrutamos.

―Por otra parte también te gustan los cómics.
Así es, me gustan mucho estos. He leído varios, hay una infinidad de títulos para elegir. Me gustan los que tratan historias de súper héroes, mis favoritos son los de DC comics, aunque también he leído los de Marvel. Solía buscar los cómics menos comerciales por ejemplo Maus, un cómic muy bueno ambientado en la segunda guerra mundial.

―¿Has pensado en colaborar en algún cómic?
Con Caramanduca hemos pensado en hacer nuestros propios cómics. No comprar los derechos de otros sino elaborarnos nosotros. Pero es una cosa que demanda muchísimo tiempo y trabajo y por ahora no nos da mucho tiempos para ello aunque nos gustaría.

―¿Cómo te definirías en tres palabras?
Desordenado, responsable e imaginativo.

Bareska López


sábado, 23 de julio de 2016

Mi corazón es tu muñeca preferida (parte III): Para ti con desprecio

Puedo asegurarte que  hace mucho tú eras todos los fenómenos naturales, esos tan fuertes que eran capaces de devastar mundos enteros. Tú eras la fuerza divina que lanzaba lluvias de fuego sobre mis tierras. Eras todos los dioses que se burlaban de aquél que creyó en ti. Hace tiempo atrás eras la plaga que llenó de sal mis bosques.

Pero ya no, destruiste tanto este mundo que ya no queda nada por qué llorar, ya no hay dolor, ya no hay tristeza. Ni siquiera una lágrima que pueda ser robada por el viento. Sólo queda desprecio, el que te ganaste paso a paso con cada mentira que creaste en tu camino de destrucción.



Dejaste de doler, tu inundación se secó. Tus huracanes se evaporaron. Tus mentiras acabaron revelando la naturaleza real de tu infame existencia. Tus mentiras me hicieron libre.

Mentiste al inicio, aún tenías alguien a tu lado. Por eso la oscuridad fue tu mejor amiga desde el comienzo. Mentiste al final. Aún estaba yo a tu lado cuando decidiste destruir todo. Tal vez así era mejor, sacaste a la luz tu verdadera esencia.

Y ahora te veo todos los días parada delante de mí, nuestros cuerpos y rostros se juntan a tan sólo unos centímetros de distancia antes que las melodías paganas nos hagan olvidar por un rato tus mentiras, y me dejo llevar. Confieso que en ese momento tu lava derramada aún es capaz de incinerarme.  

Si alguna vez fui malo lo fui por ti, si alguna vez me convierto en aquello que odias, es gracias a ti. Porque destruiste toda una civilización para llenarla de muerte y desolación. Porque un ser infernal como tú no merece ni la más mínima muestra de humanidad.

Tu raza de animal depredador te obliga a coleccionar corazones, desgarrar los cuerpos vacíos de quienes te dieron todo, y enterrar en el olvido aquello que construyeron por ti. 

Ya ni tu risa puede salvarte, antes aquella música podía llevarme a planetas inexplorados de luz y energía. Hoy la escucho y las ansias del suicidio se apoderan cubriendo todo de mantos negros de burla. Hoy siento pena, pero esta vez es por ti. 

Para ti, que aún sabiendo mi verdad, decidiste pisotear mi corazón y sepultarlo con tus besos de Judas y lágrimas de cocodrilo. Para ti, que tu efímera alegría de dos meses se convertirá en la carga más pesada que puedas llevar y ocultar. Para ti, que la palabra pelandusca se queda a medio camino ¿Realmente valió la pena?

¿Y qué pasará cuando te canses de jugar? ¿Qué pasará cuando se cansen  de jugar contigo? Yo ya no estaré. Estoy partiendo ahora, ya no me verás. No hablaré de ti, ya ni en mis recuerdos estarás. 

Y cuando quieras recordar quién eres regresa a estas líneas y tal vez te encuentres con la verdadera Tú. Mi corazón fue tu muñeca preferida, pero ya no más.

Para ti, con desprecio, todo mi amor (o no).



domingo, 10 de julio de 2016

Mi corazón es tu muñeca preferida (parte II)

Tiempo después tuve el valor. Te vi de lejos y el encuentro no fue casual, te miraba acercándote a mí, y a cada paso tuyo sentía cómo algo dentro de mí iba rompiéndose. La charla fue inevitable. Ya a tu lado no pude contenerme, te lloré toda mi humanidad, todo lo que soy, lo que era por ti, todo lo bueno que llegué a ser por ti, todo lo que crecí a tu lado, todo lo que aprendiste de mí te lo dejé en esas lágrimas que cayeron delate tuyo. 

No me queda nada, no soy más que un recuerdo de lo que pude ser. Tú sigues buscando motivos para alejarte sin sentir remordimiento, y lo lograste. Me pides proezas que tú misma no eres capaz de realizar, no me las pidas ahora cuando no soy capaz si quiera de mirarte a los ojos. Para encontrarte con la mirada de alguien a quien amas debes tener un alma capaz de soportar ésa mirada, pero hasta eso te llevaste.

Lo que terminó de partirme el corazón fueron esos motivos tan tontos que usaste. Ya nada tenía sentido, todo era válido para ti con tal de alejarme y llegar a tener lo que quieres,  pero ya lo tienes, no tenías por qué seguir destrozándome de esa manera.


Lo intenté, te entregué toda mi verdad, pero estás metida en un círculo que da vueltas una y otra vez. No puedo hacer nada más, sigues forzándote a creer tus pretextos, de tanto repetirlos puede que los sientas reales alguna vez. Yo te dije todo lo que siento, todo lo que deseaba y esperaba, pero estás cegada, no te importó.

Nadie se había ganado el privilegio de una lágrima mía,  y lloré todas delante de ti, desnudé mi alma ante ti. Pero no fue suficiente… y aun así continuaste haciéndome daño.

Sólo espero que cuando despiertes no sea demasiado tarde. Cuando te des cuenta que cambiaste lo más real y sincero que pudiste tener, por una ilusión pasajera, aún me mantenga esperándote en uno de los tantos sitios donde nos entregamos por completo en cuerpo y alma. Tal vez aún me encuentres merodeando tus recuerdos.

Porque nada dura para siempre y algún día tendré que matarte, algún día tendrás que marcharte lejos para no regresar. No podré seguirte, ni siquiera en la oscuridad. Porque aunque quisiera ya te habré olvidado.

Te habré asesinado lenta y dolorosamente, no podría ser de otra manera. El corazón es lo más difícil de matar. Y tu amor, ése que aún vive dentro de mí, se apagará junto conmigo, cuando  un dulce suicidio selle el punto final a estos recuerdos tuyos.

Sólo te pido que sigas siendo tú, porque amé cada error y defecto tuyo. No hubiera cambiado ni un solo ápice de tu ser. 

Espero que cuando escuches mis canciones puedas darte cuenta de tu error, espero que esas melodías te hagan daño cuando estés a su lado, tontamente convencida que valió la pena probar unos labios nuevos. Espero que mis canciones te hagan recordar, que te hieran lo que yo no pude herirte.


Y no dejes de jugar, porque a pesar de todos tus juegos soy patéticamente consciente que fui quien te enseñó las reglas de esta partida. Y al final perdí. Alguna vez sentirás ése vacío, tal vez cuando estés sola en tu habitación y le mandes a él las mismas fotos que me mandabas a mí, tal vez en ese momento te des cuenta que extrañaras jugar, porque de todos tus juguetes, mi corazón fue tu muñeca preferida, y hoy decidiste perderlo.