“Queridos amigos, tal parece que éste ha sido un gran año para este blog, en la medida de que se cumplieron todas las metas propuestas. En lo personal, quería dedicar un vídeo para conmemorar este evento, pero he tenido que salir de viaje y de momento sólo tengo un dispositivo móvil con una cámara low fi y una versión muy básica de blogger que no me permite ni alinear un párrafo.”
lunes, 22 de abril de 2024
Reencontrándome con mi yo escritor
martes, 16 de abril de 2024
Carta abierta a mi hermana
Hace exactamente veinte años yo estaba a la mitad de mi carrera universitaria, demasiado metido en mis asuntos y tan desconectado de la realidad, que el saber que mi madre te daría a luz no alteraría los planes que tenía para ese día, que lo más probable eran salir con mis amigos a alguna fiesta de alguien a quien no conocía.
Desde el primer día que llegaste
a la a casa yo siempre te vi de lejos, quizás porque cada vez que quería
acercarme había demasiada gente a tu alrededor admirándote e intentando cuidarte,
o tal vez porque me sentía un poco celoso.
Recuerdo que el día que te
bautizaron yo llegué tarde, ni siquiera me vestí para la ocasión, sólo llegué para
cumplir con la ceremonia, robarme algunos bocaditos y poder irme cuanto
antes.
| La infame foto del bautizo |
Desde tus primeros años evité ser
un hermano cariñoso y cercano a ti, en esa época mi vida fuera de casa era la
que más me importaba, e intentaba estar lo menos posible con la familia. Tú no
tenías la culpa, simplemente yo era joven e imbécil, no era capaz de valorar todo
lo que tenía dentro de casa.
Siempre te hacía bromas pesadas
hasta el punto de hacerte llorar muchas veces, pero aún así tú con tan pocos años
tenías detalles tiernos conmigo, como hacerme algún dibujo o darme un abrazo. E
incluso ser la más animada en participar cuando hicimos la foto de Star Wars.
El día que me fui por varios años del país te di un medio abrazo muy rápido a la ahora de despedirnos, estabas llorando por algo que
querías en ese momento y no tenías a la mano. Tenías 4 o 5 años, no podía
pedirte más.
Me perdí toda tu niñez, no estuve
a tu lado en muchos cumpleaños y momentos importantes incluyendo tu paso a la
primaria. Cuando muy de vez en cuando llamaba a casa para saludar sólo hablaba
con mis padres, tú siempre estabas en la escuela y prácticamente nunca pudimos
coincidir.
Cuando regresé de visita después
de dos o tres años fui de sorpesa a verte a la salida del colegio. Te busqué
entre los demás niños y te vi, me miraste de lejos, gritaste mi nombre y
corriendo te lanzaste a mis brazos para darme ese gran abrazo tan largo y fuerte
que hasta ahora siento cada vez que te extraño.
| (recreación) |
Pasaron los años y regresé al
país, ya todos habíamos crecido. Yo tenía un hijo que necesitaba toda mi
atención y tú ahora eras la joven, la que prefería estar con sus amigos. La adolescencia
te pegó fuerte.
Esta vez intenté estar en todos tus
cumpleaños y fechas especiales, pero sentía que ya era un poco tarde, que no
podríamos tener la relación de hermanos a la que me negué cuando aún eras muy
pequeña.
Con el pasar del tiempo te fuiste
transformando en una mujer admirable, tan preocupada por su familia, tan atenta
y cariñosa, y además la más cercana a mi padre de todos los hermanos, y yo
siempre agradeceré eso, eras la que nos representaba, sobre todo a mí, que ya
no vivía en la misma casa y casi nunca tenía tiempo para estar con ustedes.
Encontraste a alguien a quien
amar y eso me dio mucha paz y felicidad, el saber que alguien estaría a tu lado
me hacía sentir seguro. Ver que alguien era capaz de merecer tu amor me causaba
mucha alegría.
Pasó el tiempo, cada vez fuiste
aprendiendo más y siendo más ambiciosa con tus planes al punto que decidiste
que lo mejor sería irte a estudiar a la distancia.
Llegó el momento de tu partida,
ahora eras tú quien se iba a buscar su futuro lejos de nosotros, a otro país
tan lejano y distinto que era sorprenderte ver que te entusiasmaba dejar el
nido, ya no había vuelta atrás.
Pero esta vez yo estaba contento,
hiciste tanto en estos años que ya estabas preparada para enfrentar al mundo y
todo lo que este pudiera lanzarte.
Hoy que es tu primer cumpleaños
que pasas lejos de casa, no puedo más que esperar que te hagas más fuerte con
cada día que pase, que el sentimiento de ternura que hay en tu corazón sirva
para llenar de amor esos miles de kilómetros que hoy te separan de la gente que
amas.
Y yo, cada vez más viejo y
gruñón, no puedo desear más que la próxima vez que te vea, darte un abrazo tan
fuerte y sincero como el que me diste tú esa vez hace ya tantos años afuera de tu colegio.
Te amo con todo mi corazón.
martes, 9 de abril de 2024
La memoria es frágil
Regreso del supermercado después de comprar unos dulces para acompañar el café. Al costado del negocio hay un colegio y es la hora de salida. Veo a los niños con sus padres y recuerdo cuando tenía su edad: 7 u 8 años. De pronto, me encuentro en situaciones aisladas. Siento que puedo describir a grandes rasgos cosas como el aula en la casona, cuando mi mamá nos recogía en su pequeña moto o cómo me sentía cuando el abusivo de turno rondaba por mi pupitre. Pero faltan actores en este libreto. Muchos.
Hace pocos años me jactaba de tener memoria de todos los nombres y apellidos de los niños de ese salón. Hoy me es imposible nombrar a más de la mitad y, con suerte, recuerdo el apellido de 3 o 4. De chiripa me acabo de acordar de la maestra, la miss Carmelina (no me preguntes por su apellido). ¿Qué habrá sido de ella? Una pista: No es la que está en la foto.
![]() |
| ¿Ubi Sunt? |
La memoria es frágil y el olvido es implacable, pues bastó sólo un par de años de ejercitar el recuerdo para que mi mente borre los nombres y apellidos de estos chicos, como una inscripción en la arena a orillas del mar. Veo una foto de aquel tiempo y, entre conocidos, veo fantasmas. ¿Quienes son? ¿Cuáles eran sus nombres? ¿Por qué yo tengo una camiseta de Mickey mouse?
domingo, 7 de abril de 2024
Por qué me mudé a Buenos Aires (y sigo aquí)
![]() |
| ¿Qué hace usted acá? |
![]() |
| Sin carteles de “prohibido pisar el césped” |
![]() |
| Groseramente monumental: un reservorio de agua. |
![]() |
| Vi a un país entero celebrar |
viernes, 22 de marzo de 2024
Vengo del futuro para decir...
![]() |
| Un porteñísimo yo en el Tortoni, discutiendo con Borges, Gardel y Storni |
miércoles, 15 de marzo de 2023
¿Papá a medias?
Era una fría mañana hace diez años, se veía la nieve caer
afuera del hospital y yo tenía ya varias horas sin dormir. Pero ella la estaba
pasando mucho peor, el dolor que manifestaba me hacía sentir impotente y no
había nada que yo no pudiera hacer salvo esperar.
De pronto los gritos se volvieron más agudos y allí estaba él.
Un ser pequeñito cubierto de una capa blanquecina de grasa. Lo limpiaron, lo
secaron y se lo acercaron a ella. De inmediato y por instinto se aferró al
pecho que lo alimentaría. En ese momento supe que mi vida no volvería a ser la
misma.
Me perdí el primer año de su vida, yo estaba en otro país y no pude hacer mucho desde tan lejos. Pero ella se esforzaba en mantenerme al tanto de su crecimiento. Al regresar sentí que volví a recuperar el tiempo perdido con mi pequeño, pero nos volvimos a alejar. Ahora vivíamos en casas distintas.
Cuando él era más pequeño yo intenté nutrirlo con mis gustos
musicales y de películas, lo cual me trajo varias discusiones con ella. Yo sentía
que él las disfrutaba, por ejemplo, íbamos en el auto cantando a viva voz
canciones de Ramones o Gorillaz, y luego veíamos películas de super héroes en
la casa.
Es inteligente, cuidadoso, tierno, imaginativo, amoroso, optimista,
leal y animalista como su madre. Pero es desordenado, impetuoso, perezoso,
distraído, alocado y adicto a los videojuegos como yo. Sacó lo mejor de cada
uno (guiño guiño).
Si bien no nos vemos a diario, ni lo acuesto a dormir todas
las noches, o tampoco estoy allí cuando una pesadilla lo despierta en la
madrugada, intento acompañarlo en otros momentos donde puedo aprovechar al
máximo estar con él, jugar un rato, salir a pasear, hacer videos juntos o
enseñarle matemáticas. Y quiero hacerlo ahora, porque no falta mucho para que
elija pasar mil veces pasar el tiempo con sus amigos y no con sus padres. Pero
es así, es normal, un proceso natural por el que no debería quejarme o
afectarme, yo también pasé por eso.
A veces salimos los tres a comer, o nos vamos de viaje o simplemente vamos a la playa. Porque él debe entender que, aunque sus padres ya no están juntos, haremos siempre lo mejor para que él se sienta seguro, feliz y amado por nosotros dos.
Ya han pasado diez años desde esa fría mañana nevada en ese lejano hospital. Me da un poco de temor afrontar los años que aún están por venir, pero quiero encararlos con optimismo. Porque estoy seguro que a pesar de todo, no estoy haciendo un mal trabajo como padre. No creo ser un padre a medias, como alguna vez me lo han dicho. He intentado aplicar con él la misma paternidad amorosa que viví con mi padre, y no tengo mejor ejemplo.
Yo siempre estaré dispuesto a recibirlo en mi casa, solo o con cinco gatos o quince amigos que vengan a pedir comida. Aquí estaré para aconsejarlo, para calmarlo cuando le rompan el corazón, para ver juntos películas de terror cuando deje de temerles, para darle propina cuando se quiera ir de fiesta, o para irlo a recoger cuando no esté sobrio.
Allí estaré para lo que sea que la vida le presente, y ella
también estará lista. Incluso si decide decirnos adiós, cuando crea encontrar a
su alma gemela.
Pero aún falta mucho para eso. Por ahora seguiré disfrutando
de su inocencia de diez años, de su risa, de su humor y sus ocurrencias.
Seguiré siendo un papá completo, aunque nos veamos medio
tiempo, porque creo que no hay nada en lo que quiera esforzarme más, porque ese
pequeño llegó inesperadamente, cuando dejamos de buscarlo.
domingo, 25 de septiembre de 2022
Él Mató a un Policía Motorizado
No, no es el titular de una noticia. Es el nombre del grupo del que voy a hablar ahora, sólo porque sí, porque poca gente conoce este gusto mío y porque hace unos días los volví a ver en concierto.
Era un 9 de mayo de 2015 la primera vez que los escuché. Había estado en casa con mis amigos en otra noche de póker y whisky barato. Solía irme a dormir dejando la tv puesta con música de YouTube, se reproducían canciones aleatorias que no conocía.
Estaba a punto de quedarme dormido cuando sonó una canción que me pareció hermosa. Con una letra que se repetía constantemente. Una voz medio rasposa intentaba ser tierna y melódica mientras la canción me hipnotizaba de a pocos. La letra hablaba sobre una chica llamada Jenny, y pocos saben que ése es uno de mis nombres favoritos. Así que para ser la primera vez que escuchaba la canción, ya me había rendido ante ella.
Pero no quise levantarme de la cama, tal vez el whisky ya había hecho su efecto y no me dejaba ponerme en pie. Y luego, acabada esa canción siguió una más y logré identificar la misma voz. Esta vez las letras hablaban sobre pasar los últimos momentos con la persona que amas. Igualmente me hipnotizó.
Nuevamente no pude levantarme de la cama, pero esas dos canciones se quedaron impregnadas en mi subconsciente. Y mientras la tv seguía reproduciendo melodías aleatorias, me quedé dormido.
Al otro día ya con mis cinco sentidos volviendo a la normalidad, fui al historial de canciones que se estuvo reproduciendo durante toda la noche, buscando canción por canción hasta lograr ubicar esas dos melodías que tanto me habían llamado la atención.
Y eso fue todo, me obsesioné en secreto de ellos. Él Mató a un Policía Motorizado me hacía sentir más triste cuando necesitaba estarlo (que era casi siempre) y me daba ciertas alegrías o pinceladas de esperanza cuando según mi estado de ánimo, lograba pensar en el amor, y sonreír (cuando era joven y en el amor creía).
Cada canción es como un mantra, con frases cortas o palabras que se repiten una y otra vez, las letras no son tan extensas pero suficientes para dejarme anonadado. La voz y los instrumentos parecen no encajar, pero terminan fusionándose de forma tan sublime, que no me hace más que querer seguir escuchándolos más tiempo.
Tuve la oportunidad de verlos en concierto en el Vivo x el Rock del 2019, fue una presentación accidentada y muy corta, ya que cada banda sólo tenía media hora de show. Grité y canté a todo pulmón las canciones, y saltaba cada vez que podía. Me sentí completamente alegre. Pero me dejaron con ganas de más.
Hace unos días tuve la oportunidad de volver a verlos en concierto, esta vez en un show de dos horas sólo de ellos, y en primera fila además.
Pero esta vez la experiencia fue totalmente distinta a la del 2019. Esta vez no sentí alegría, me invadió una gran sensación de melancolía y soledad. Era como estar solo frente al grupo, sentí que no había gente a mi costado, por más que casi todos saltaban y gritaban entonando las canciones.
Yo cerraba los ojos y cantaba para mí, intentando acompañar al vocalista. No sé si porque ya tengo 40 años, o porque el olor de la yerba que se sentía por todas partes me había afectado un poco, o porque con los años siento estas canciones cada vez más profundas; pero me desconecté del resto del público, y disfruté del concierto a mi modo.
Lloré mucho cuando cantaron "Fuego" uno de mis temas favoritos. Era inevitable que mis lágrimas acompañaran la canción, salían de forma inconsciente (No lloraba en un concierto desde Arcade Fire, allá por el 2017)
Y sí canté a viva voz cuando "Chica de oro" y "El mundo extraño" tuvieron su turno en el set list.
viernes, 19 de agosto de 2022
¿Ya tengo 40 años?
Cuando era un niño feliz allá por mis 10 u 8 años e iba a un centro comercial, a la hora de pasar por caja siempre me parecía que las personas que atendían eran mucho mayores que yo. Esa sensación de que los otros eran los adultos me duró mucho tiempo. Y no sólo con las cajeras, sino con la gente en general que ofrecía algún servicio, como doctores, empleados, taxistas, etc.
Conforme pasaron los años y fui creciendo, aún sentía que yo
era el más joven. Veía a todos con cierta admiración, elogiaba a las demás
personas que podían prestarme cualquier tipo de servicio. -Algún día yo también
seré grande- me decía siempre para convencerme que yo aún no había terminado de
crecer.
Pero una mañana hace pocos años, desperté y fui al
supermercado, llené el carrito de compras con los productos usuales que solía
adquirir para pasar el fin de semana con mis amigos. Fui a caja y la persona
que me atendió era una joven, evidentemente menor que yo. - ¿Qué está pasando?
- pensé confundido.
No supe bien qué hacer. Después del supermercado fui al
banco a tramitar mi tarjeta, y la persona que me atendió era al menos 10 años
menor que yo. -Esto no puede ser normal ¿es que estoy en otro universo y no me
he dado cuenta? –
Salí corriendo a la calle, confundido, desorientado, sin
saber exactamente qué pasaba. Miré a mi alrededor y constaté lo peor que temía: todos eran menores que yo... la señora de la limpieza, el taxista que me
esperaba, las parejas con hijos que paseaban de la mano, incluso la chica que
me gustaba… TODOS.
Tuvieron que pasar muchos días para aceptar esa nueva
verdad. ¿En qué momento crecí? Nunca me di cuenta, esa bofetada de realidad
remeció toda mi interpretación del mundo. Ahora, el adulto, el grande, el mayor,
era yo.
No pude aceptarlo, no podía resignarme a haber crecido. Pero
no podía hacer más, así comprara todos los Transformers que no pude tener de
niño y viera con mi hijo las películas que marcaron mi niñez, ya no había
marcha atrás.
Y el tiempo volvió a pasar, de repente dejó de emocionarme
cumplir años, de repente mi gata había fallecido a sus 12 años, de repente yo
estaba solo, de repente Bowie había muerto, de repente mi hijo ya tenía 9 años,
de repente sólo escuchaba The Cure.
Y esta mañana, abro los ojos y me doy cuenta que han pasado
40 años desde que llegué a este mundo. Me atemoriza la idea de envejecer y ser
la carga de alguien más, la inutilidad física, el volverse dependiente de
alguien más incluso para comer e ir al baño. Me atemoriza no poder ser consciente
de partir de este mundo cuando yo quiera.
Temo por mi legado (por dejar uno en realidad). Temo que con
cada año hay alguien menos en mi vida y no alguien más. Temo no poder ser capaz
de acompañar a mi hijo cuando sea adulto y necesite un padre que lo aconseje (así
como el mío me acompaña hasta ahora). Y sobre todo, temo por no poder pedir
ayuda cuando realmente la necesite.
He cumplido 40 años. No sé si es ya el inicio del final de
mi vida, o simplemente el comienzo de una vida nueva, de dejar atrás la
oscuridad que me invade desde el 21 de agosto de 2000, de atesorar cada momento
con mi familia, de decirles que los quiero cada vez que pueda, de abrazar a mis
amigos cada vez como si fuera la última… de poder volver a amar.
Cuarenta años ya… volveremos a vernos 40 años después?
sábado, 16 de enero de 2021
La Carmen
Mi madre me enseñó a no hacer trampa. Tal vez ella no lo recuerde pero cuando yo tenía 6 años ella me estaba tomando la lección y una de las preguntas era: ¿Qué es el diccionario? Yo tenía mi cuaderno al lado e intenté revisarlo para decir la respuesta, pero me descubrió y aprendí a la mala que eso no era honesto.
La Carmen representa un gran peso en mi vida. Creo que gracias a ella soy quien soy ahora. Esa mujer estuvo enseñándome (a su manera) cómo enfrentar el mundo. Por ejemplo, enseñarme a manejar bicicleta a punta de pellizcos o aprender a la mala que la comida jamás debía caerse del plato.
Yo fui el experimento, la prueba, su primer intento de ser madre. Y quizás por eso no la pasé tan bien cuando crecía. Intenté huir muchas veces y otras tantas me encerraba en mi mundo con tal de no cruzarme con ella en la misma casa. El rockanroll a todo volumen y la puerta con llave de mi habitación eran mi único refugio cuando los castigos eran casi incontables.
Pero luego crecí, y ella creció conmigo. Ambos aprendimos de los errores y de las cosas que no están bien. Ella tuvo la oportunidad de ser madre más veces y estoy seguro que aprovechó cada una de esas etapas para ser cada vez mejor. Así que puedo decir con seguridad que mi última hermana conoce a la mejor versión de la Carmen hasta ahora, salvo que se anime por un descendiente más.
Pero, aunque ella tuvo más hijos, yo sólo tengo una madre, y no tuve la oportunidad de ir mejorando como ella. Aprendí de cero. Aprendí que en el fondo todo lo que hizo cuando éramos niños sirvió para algo. Porque no todos mis recuerdos son malos, muchos de ellos son tiernos y reales.
Así que, puedo decir con seguridad que todo el amor que siento hoy por ella es real. Porque ese amor creció conmigo, y no tuve a otra persona más para dárselo. La Carmen es dueña de este sentimiento que me ha acompañado por mis treinta y tantos años . Y créanme cuando digo ella es y será la mujer más importante en mi vida.
Y claro que también la recuerdo con canciones. Tal vez ella no lo recuerde, pero yo sí. Yo tenía 5 años y mientras la Carmen planchaba la ropa, en la radio sonaba “La gata bajo la lluvia” de rocío Durcal. Y yo la miraba desde mi cuarto, hipnotizado al ver cómo la cantaba.
Así que espero que se quede tranquila, que no tengo padres favoritos. Somos lo que somos gracias a ella.
sábado, 8 de agosto de 2020
El precio de un recuerdo
Cuando tenía unos 6 o 7 años me fascinaba el espacio y todo
lo que tenga que ver con él. Me habían impactado varias películas como E.T., Starman,
Star Wars y todos los dibujos animados que me hicieran fantasear con la idea de
viajar al espacio.
Fue en esa época que mi padre me regaló para navidad la nave
espacial de Playmobil. Yo estaba alucinado porque me pareció lo más bacán del
mundo, sobre todo porque los trajes de los astronautas estaban basados en la
peli "2001 Odisea del espacio" y al jugar con ella, yo siempre era el
astronauta rojo.
A parte de la obvia alegría de tener un juguete tan bonito, esa
nave se convirtió en una señal de que mi padre me entendía, era la primera vez que
alguien me regalaba algo que yo realmente deseaba. Sin pedírselo, mi padre había
atinado con el regalo perfecto para mí en ese momento. Esa nave representaba el
amor y la gran admiración que tenía hacia mi padre.
Conforme pasó el tiempo se fueron perdiendo algunas piezas y
rompiéndose, como lo haría cualquier niño con un juguete por más que sea su
preferido e intente cuidarlo. Se desaparecieron algunos astronautas y poco a
poco con el tiempo, la nave se esfumó. Pero siempre se me quedó guardado el recuerdo
de ese pequeño tesoro.
Nunca más volví a ver una de esas naves, ni en los supermercados
ni en los comerciales de juguetes para las navidades siguientes.
Todo cambió hace un par de semanas, vi en una red social que
alguien vendía una de estas naves en perfecto estado de conservación, con todos
los accesorios y los tres astronautas completos, lo cual me pareció asombroso
porque la fabricación de este modelo se descontinuó hace ya muchos años.
Miré las fotos del anuncio y sentí una gran nostalgia, el
recuerdo del significado de esa nave me golpeó con furia. De repente yo era un
niño sintiendo admiración y amor con la misma intensidad hacia mi padre, tal
cual como cuando tenía siete años.
No lo pensé dos veces y la compré, era un precio alto, pero
sentía que valía la pena. Será un firme recordatorio del cariño que le tengo a
mi padre, que está tan cerca, pero a quien veo tan poco que a veces incluso me
cuesta hablar con él. Pero allí está, esperando a que me anime a visitarlo. Tal
vez vaya cuando no haya tanta gente en la playa o cuando no tenga dónde
almorzar.
Ahora la nave, la misma que tuve de niño, pasará a estar en
un lugar privilegiado de mi casa, protegido del polvo, de mi hijo y de cualquier
niño que quiera jugar con ella, incluido mi niño interior.





































