domingo, 28 de junio de 2015

Tour iglesias 2015

Ahora Paty y yo salimos a ver iglesias, como quien ve prospectos para nuestra próxima boda, la cual debe darse -espero- en febrero del próximo año. He aquí el detalle fotográfico que resume la jornada:




Empezamos por la San Sebastián, que era mi favorita. O, al menos, era la que prefería por tradición, ya que muchos de mis familiares se han casado ahí. Sin embargo, cuando fuimos no nos gustó mucho el fondo celeste del altar. Tampoco jugó a favor las pancartas que cubrían la fachada (la cual me parece que es la más imponente de todas las iglesias) ni el mercadillo que se había armado ahí por la celebración de la novena.




La segunda iglesia fue la San Miguel Arcángel (la basílica catedral). Me sorprendió bastante. No la recordaba tan elegante, honestamente. Nos pareció acogedora, sobria y bastante ordenada. Hasta Paty, orgullosa de su elección (ella fue la que la puso en la lista) accedió a tomarse una foto ahí.


La San Francisco era para mí una buena opción. Sin embargo, la gran aglomeración de fieles que atendían la misa nos hicieron imposible la entrada. Sólo nos quedó contemplar las instalaciones desde afuera: una iglesia pequeña pero acogedora.




La última iglesia que vimos fue la San José. Nos pareció un espacio simpático, atractivo, con el gran mérito de poseer un diseño bastante creativo, tratándose de un templo católico.Sin embargo, creo que la relativa lejanía del centro (más bien pensando en la comodidad del traslado de los invitados) nos hizo descartar esta posibilidad.

Conclusión: a pesar de que nos faltó visitar la capilla del asilo de ancianos (que era mi segunda favorita) decidimos que haremos las gestiones para que el matrimonio sea en la catedral; siempre y cuando nos dejen.

Historia de dos periódicos



Había una vez en Piura un viejo periódico que vivía al borde de la ruina. Regocijándose en sus años de gloria, subsistía mantenido por otro diario que la misma empresa vendía más barato. Nadie quería trabajar en aquel antiguo medio. Los jóvenes periodistas sabían que ahí se pagaba poco, se exigía mucho y que los jefes manejaban todo como señores feudales. En un acto de desesperación, los directivos decidieron que este periódico tome la misma línea que su diario económico y, así, un buen día éste salió a la venta a la mitad del precio. Recortaron varias secciones como cultura, estilo de vida y opinión. Luego bajaron los precios de la publicidad hasta el suelo. Así, mal que bien, se mantuvieron liderando un segmento en el que, hasta entonces, no existía competidor.

Sin embargo, pronto llegó a Piura un periódico desde la capital. Este medio estaba interesado en el mismo segmento que el viejo diario. Se congració con las más recientes generaciones de periodistas y les ofreció sustanciosos contratos. Destacó la calidad sobre la cantidad y se caracterizó por tener mejores contenidos e imágenes impactantes, de modo que visualmente se presentó como un producto moderno y competitivo.  Así pues, el nuevo periódico pronto destronó a su magullado competidor.

De pronto, el periódico viejo se dio cuenta de que si quería seguir en el mercado debía tomar una decisión radical y, en lugar de declararse perdedor, redobló su apuesta. Despidió a viejos jefes. Contrató nuevos y mejores periodistas. A los antiguos, los que demostraron ser competentes, les empezó a pagar más. Renovó su imagen de marca, aumentó sus secciones y su contenido. Luego, salió a la luz al doble de precio, pero, eso sí, ofreciendo una calidad nunca vista en un mercado regional.

Por su parte, al periódico nuevo llegó uno de esos directivos obsesionados con la productividad. Éste señor vio que era un despilfarro mantener a tantos periodistas y despidió a casi todos menos dos, a quienes les encargó las labores de los 10 que se fueron, incluidas la edición y la fotografía. Disminuyó la calidad del papel, recortó el número de páginas y subió los precios de la publicidad, pensando que los anunciantes se quedarían con él porque no importaba qué cosa publicara, sino su marca y el prestigio que encerraba ser un tradicional diario limeño.

En un año las decisiones de ambos medios rindieron sus frutos: el diario El Comercio prácticamente desapareció del mapa, convirtiendo las productivistas decisiones de su nuevo directivo en el peor de los fracasos; o séase, de esos que se dan cuando ya todo parece estar ganado. Por el contrario, el diario El Tiempo, recuperó no sólo el prestigio perdido décadas atrás sino que se consolidó como el diario número uno en su segmento.

Lo que me deja una enseñanza clara de que los tiempos han cambiado. Que la anticuada gerencia de principios del siglo XX ya no tiene más lugar en el mundo empresarial. Y que quizá esto también tiene que ver no sólo con no cometer el error de infravalorar a tu público sino también a tus trabajadores. Lamentablemente aún es difícil remar contra la corriente. Pero, como decía Peter Drucker: "Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente".

miércoles, 24 de junio de 2015

Días de junio

Mientras se termina junio debo comentar algunas cosas aún no comentadas. En principio, hace ya una semana volví de un viaje relámpago a Lima en el que no hice otra cosa más que tratar de resolver un asunto burocrático que finalmente no concluyó en nada. Así que, ingrátamente, los únicos recuerdos que tengo de mi viaje son: un buen sentón en un micro por las calles del centro, una búsqueda implacable en las galerías de Wilson por un servicio que todos desestimaban y un dolor de piernas atroz debido a una jornada de 32 horas de viaje (Piura-Lima-Piura) en bus.

32 horas de viaje

Bueno, bueno... para ser honesto tengo dos recuerdos que rescataron en parte este viaje. El primero es que conocí a un joven escritor llamado Lenin Heredia, con el que compartí una amena charla en una céntrica cafetería. El segundo es que pude pasar algún tiempo con mi padre, con quien no suelo tener mucho contacto.

Ya de vuelta a Piura me encargué de recoger unos libros de la casa de una amiga que me los ofrecía como donación para unos eventos que habíamos planeado como editorial. Desgraciadamente, me fié de mis propios medios y pensé que podía traer a casa todos los volúmenes usando un carrito de almacén. Grave error. Los libros se caían con cada bache haciendo del traslado un suplicio.

Así llegaron.

Así los ordené.

Por otro lado, ayer nos dimos el tiempo para poner en marcha un proyecto que ya veníamos maquinando hacía algunas semanas. Y es que, tras una reciente experiencia radiofónica protagonizada por el señor Chunga, surgió la idea de hacer una serie de podcast: lo que se resume en grabarnos -los cuatro editores de este blog- hablando huevadas temas variados todas las semanas.

Ayer hicimos el piloto. A juzgar por los resultados, me parece que vamos a darle continuidad. De hecho, hasta hemos pensado en el nombre para el programa: "Comadrejas", idea que surgió en honor al animalejo que compartía créditos con el Gallo Claudio de los Looney Tones (estábamos viendo un capítulo mientras hablábamos del podcast) . 

Contagiado del entusiasmo, comparto una idea para el logo. Idea, nada más:

Suicidio animal masivo

Esto ha sido horrible. Ayer, como una maldición -voy a pensar que ha sido así-, he visto más animales atropellados en un solo día que los que veo en todo un año. 

Muerte en las pistas

Si tengo que hacer cuentas apuntaré que he visto una ardilla, una paloma, dos gatos y dos perros; todos en distintos estados de rigor mortis. Por ejemplo: la paloma y la ardilla practicamente ya estaban fundidas con la pista. El primer gato -que vi en la mañana al salir de casa- también estaba así, salvo que con la cola parada aún meneándose con el viento.

Por la tarde vendría lo más feo. En berma de la avenida Panamericana me encontré con un gato partido en dos, cuyos intestinos yacían desparramados por varios metros del lugar de su muerte. Debo decir que por un azar del tráfico mi moto debió pasar entre el espacio que había quedado entre las dos partes del cadáver. 

Más allá, sin embargo, había un perro que estaba en las mismas condiciones, salvo que me pareció que intentaba moverse con sus dos patitas delanteras entre camiones y combis que pasaban raudos por todos lados. Ya un poco perturbado, sólo me quedó desear que pronto llegue algún tráiler y termine de aplastar al animal para que acabe con su sufrimiento.

Llegando a casa de Jonatan trataba de recuperarme de aquellas horribles imágenes cuando a un lado de la pista encontré otro perro con la cabeza aplastada. ¿Qué carajo pasó ayer? ¿O es que los conductores estuvimos más descuidados que otras veces o es que hubo un suicidio animal masivo impulsado por alguna fuerza natural desconocida?

No sé. Venía regresando hoy a casa y pasé por el lugar en donde el día anterior estaba el perro que aún se arrastraba torpemente. Lo encontré ya convertido en una alfombra de pelos marrones y huesos triturados y pensé que esto sería una buena entrada para el blog.

lunes, 22 de junio de 2015

La chica del cabello azul

La chica del cabello azul gusta mucho de caminar por la ciudad, cuando sale del trabajo (o de estudiar) no quiere que vaya a buscarla en mi vehículo. Prefiere que la encuentre a pie para luego ir juntos a perdernos de la mano por las atiborradas calles de la ciudad.

Siempre va con sus audífonos tipo vincha, escuchando desde Sui Generis hasta Raphael, le gusta usar coleta y a veces se ata todo el cabello en un moño encima de su cabeza, me encanta cómo le queda así.

A la chica del cabello azul no le gusta ver televisión, en su habitación este aparato se empolva y muere de olvido hace mucho tiempo. Ella prefiere venir a mi casa, tirarnos en el sofá y ver series por internet, esas series frikis que me gustan desde hace mucho y que ella adora. Podríamos pasarnos horas y horas sin darnos cuenta, mirando temporadas enteras de nuestros superhéroes favoritos.


Me gusta que le gusten mis libros (sí, incluyendo el de los poemas), su cuento preferido es “Tu pueblo también”. Me encanta verla leer los libros de mis amigos caramanducos. Siempre me pregunta cuándo saldrá la segunda parte de Zen Zergak, porque le gustó tanto la primera que no puede esperar mucho a leer el siguiente volumen.

La chica del cabello azul intenta hacerme enojar discutiéndome sobre el Señor de los Anillos y Star Wars, ella dice que prefiere mil veces más Star Wars, aunque yo intento hacerle ver que son dos cosas totalmente diferentes, y allí empiezan esas tontas discusiones que siempre terminamos apaciguándolas con un beso.

A ella le encanta jugar con mi gata, aunque mi Asuka no la quiere mucho, siempre la rasguña o la muerde, pero a ella no le importa. Ama los animales y está empecinada en ganarse el cariño de mi mascota

La chica del cabello azul usa zapatillas rojas, verdes y violetas, y a veces usa calcetines de diferentes colores, me encanta verla así, con sus lentes de hipster, su casaca jean de color verde y esos pantalones ajustados que le enmarcan su delgada figura.

Ella me mira y sonríe, abre su morral (ése que siempre usa y lo lleva a todas partes) y saca un cd pirata de Carla Morrison. Vamos a escucharlo -me dice- y nos tumbamos en el sofá a escuchar el disco entero sin decir una sola palabra.

A la chica del cabello azul le encanta decir "mierda". Creo que es su palabra favorita. Ya me acostumbré a eso. Podemos estar sentados en una vereda conversando y de pronto pasa una mamá con su pequeño hijo camino al colegio. "Vaya mierda de uniforme" dice ella sin el menor reparo. Sólo atino a reírme nerviosamente y mirar a la pobre madre con cara de "Discúlpela por favor"

Todas las mañanas se levanta muy temprano, antes que yo. Y me manda un whatasapp diciéndome "dame un beso cuando despiertes". Adoro ver esos mensajes al despertar. Y cada vez que nos encontramos, prefiere mil veces que le de un beso, antes de decirle "Hola".

La chica del cabello azul intenta aprender a tocar guitarra, pero no es su prioridad, lo hace cuando puede y le sobra tiempo, después claro, de haberme dado una paliza jugando Street Fighter, derrota que suelo revertir ganándola en Need For Speed.

Le encanta el karaoke, a veces cuando estamos aburridos ponemos youtube y buscamos algunas pistas para desgañitarnos cantando a viva voz y en mal inglés las primeras canciones que se nos pasen por la cabeza.

La chica del cabello azul llega a aburrirse del mundo pero no de mí. Y cuando se harta de todo suele cortarse el cabello y cambiárselo de color. Hace poco pasó por un problema familiar que la puso bastante melancólica, al otro día cuando fui a buscarla, se había cambiado el color a morado. No te lo quites nunca -le dije yo- es mi color favorito. -Te amo- respondió ella.



Hay tantas cosas que adoro de la chica del cabello azul (a veces violeta), que me gustaría que ella fuese real. Que de verdad esté esperando por mí en algún lugar y tiempo. Pero a veces me asusto al no encontrarla, porque me quedan tan pocos sitios por recorrer y muy poco tiempo para buscarla.

No la busques, ya llegará -me dijo alguien hace poco- Pero la idea de no encontrarla me aterra. Aún así esperaré pacientemente a conocerla, a encontrarme con ella de casualidad, a animarme a hablarle por facebook a media noche, a insistirle que regrese a esta ciudad, a rogarle que me elija a mí y no a su trabajo, a chocarme con ella entre la multitud de un centro comercial, a que me la presente algún amigo entre vinos de plazuela, a pedirle intentarlo una vez más a pesar de todo, en fin, tantas posibles variantes que el universo nos puede preparar para encontrarnos por primera vez.


O quién sabe, puede que sea quien comparta conmigo mi lecho esta noche, y tal vez al despertar, decida pintarse el cabello de color azul.

martes, 16 de junio de 2015

La partida de Dalma

Hola Dalma, supongo que a estas horas ya estás en el aeropuerto esperando el inminente viaje. Ya no tienes escapatoria, no hay nada que puedas hacer ahora. Sólo debes tragarte todos esos sentimientos y aceptar tu inevitable destino. 

Pero ¿sabes? A veces te contradices, la última vez que te vi me dijiste que no querías irte. Pero días antes me repetías incansablemente que esta ciudad te lo había quitado todo, y que no soportabas estar un minuto más aquí.

Tal vez en el fondo de tu ser albergas esa única verdad, que no quieres irte Dalma, pero ya estás allí en la sala de embarque, despierta de una vez, esto no es una película, nadie llegará corriendo en el último momento a pedirte que te quedes, ni siquiera yo, a pesar de todo, ni si quiera yo. 

Sólo me queda decirte que le pongas ánimo, reacciona de una vez, que te sirva de experiencia, intenta tal vez aprovechar al máximo todo lo que tu nuevo destino te pueda ofrecer, y quizás así puedas dejar de huir una y otra vez. Quién sabe, puede que hasta te termine gustando esa nueva ciudad e incluso puede hacerte olvidar todo lo malo que te ha sucedido hasta ahora.

Llevas sólo una mochila con tus pocos trapos y un peluche en la mano, crees que no necesitas nada más, puede que tengas razón. Cuando huyes te aferras a lo que tienes a mano, y ése peluche es lo único que te daba tranquilidad, ése estúpido peluche que te regalé hace ya tanto, hasta él debe estar odiándote por llevarlo contigo en este viaje, si él pudiera hablar te diría que te vayas sola, ni siquiera conmigo, a pesar de todo, ni siquiera conmigo.



No te sientas sola Dalma, al final, en algún lugar, debe haber alguien que piense en ti, pero no seré yo, a pesar de todo, no seré yo. Y no te preocupes por tus gatos, los dejas en mis manos, sabes que mejor persona para eso no puede haber. Así que deja ya de ser tan negativa Dalma, sonríe aunque sea para disimular, que si fuerzas una y otra vez muchas sonrisas, al final te terminaras acostumbrando a ellas. 

El negro lo llevas en la ropa, deja de llevarlo en el corazón. Escribe toda tu historia, plasma todo tu sufrimiento en hojas de papel, puede que así, en esa nueva fría ciudad, dejes algún día de sufrir. Puede que incluso, dejes de evitar esas lágrimas de tristeza y puedas soltar con libertad alguna lágrima de alegría. Te conozco, sé que quieres llorar siempre, que tu pena no te deja en paz, pero no eres capaz de expresarlo físicamente ni siquiera conmigo, a pesar de todo, ni siquiera conmigo.

Ya han pasado los minutos, en este momento debes estar subiendo al avión, deja ya de volver la mirada atrás, nadie va a llegar a despedirse y menos a impedir que te vayas. Sabes que te mereces esta soledad, tú buscaste este sufrimiento. Sabías que el dolor era inevitable y que el sufrimiento era opcional. Pero tú decidiste sufrir Dalma. Y ahora huyes por eso.



Con esto me despido, cuando leas esta carta ya habrá pasado mucho tiempo, puede que incluso hayas olvidado mi nombre, puede que hayas olvidado esta ciudad, y lo más probable es que todos se hayan olvidado de ti y ya no recuerden ni la forma de tu rostro, ni el color de tus ojos, ni el sonido de tu risa, ni el ondear de tu cabello. Todos lo habrán olvidado, incluso tú. Pero al final, solamente yo te seguiré recordando Dalma, a pesar de todo, solamente yo.

miércoles, 3 de junio de 2015

Agujas y alfileres

La vi hoy, vi de lejos su rostro, ése rostro que había amado. Supe en ese momento que tenía que huir lejos y ponerme de rodillas a rezar, para que se alejaran. Pero aún así empiezan... las agujas y alfileres (por todo mi orgullo). Las lágrimas que tengo que ocultar.

Yo mismo creí que era inteligente, que había logrado ganar un corazón, no pensé que fuera verdad. Pero ahora veo que ella se merece algo más que a mí, la dejaré irse y que se quede con lo que ama. Y un día ella aprenderá cómo decir: ”por favor” y ponerse de rodillas.


Así es como empieza todo. Ella sentirá esas agujas y alfileres lastimándola, siempre lastimándola.

¿Por qué no puedo parar y decirme que estoy equivocado? Tan equivocado ¿Por qué no puedo levantarme y decirme que soy fuerte?

domingo, 31 de mayo de 2015

Hombre Lobo en Piura

Hay un hombre lobo en Piura. Lo he visto caminando de noche, deambulando un poco perdido por la ciudad. Suele llevar ropa negra, zapatillas rojas, cabello largo y una mirada melancólica. Prefiere los lunes por la madrugada para salir a las calles intentando buscar en la mirada de rostros desconocidos, los ojos de ella, esos ojos de Luna Llena de la muchacha piel de nieve, esos ojos que han transformado en lobo, a aquel solitario hombre ahogado por el insomnio. 

Su andar es lento y cansado, sus pasos tristes como la noche. Puede que lleve un libro bajo el brazo, o un morral cargado de apuntes y notas que se llenan de letras cuando reposa en alguna banca o parada de autobús.

Y alguna vez, cuando no hay nadie alrededor, no puede evitar aullar. Es una mezcla de rugido y llanto. Allí empieza su transformación, cambia de piel, su humanidad se desvanece y da paso a una bestia cargada de emociones y sentimientos que no se puede contener. Y así convertido en lobo corre bajo la luna llena atravesando la ciudad, esa luna que le recuerda los ojos de ella.



Y llega hasta su portal, y aúlla con todas sus fuerzas agazapado entre las sombras de los arbustos. Sólo los gatos callejeros corresponden ese aullido. Pero ella nunca, jamás, se asoma por la ventana. Los aullidos son transportados por el viento, que los aleja cada vez más y los termina perdiendo entre callejones llenos de animales abandonados. 

Es inútil, ella no saldrá jamás a mirarlo. Puede que lo escuche gritar o aullar pero prefiere seguir encerrada en su habitación. El hombre lobo la espera hasta que los primeros rayos del sol van tocando su piel, y devolviéndole otra vez su humanidad, para seguir sobreviviendo en esta ciudad.

Lo digo yo, que lo he visto.



Anoche salí a caminar y me topé con unas vidrieras grandes en la calle. Miré el reflejo, y allí estaba el hombre lobo, mirándome fijamente a los ojos a través del espejo, esperando la inminente transformación, para otra vez correr a su portal.

viernes, 29 de mayo de 2015

Me cansé de ser hombre (Artículo motivador)

Sucede que me canso de ser hombre. Me canso de los rostros desconocidos, de la multitud embutida en los centros comerciales, de los niños uniformados saliendo de los colegios. He llegado a imaginar ver a toda esa gente corriendo desesperada mientras sus cabezas arden en fuego. Se lo comentaba a alguien, sería divertido le dije.

Me canso de ser hombre en una ciudad que me aborrece. Una ciudad que desprecia lo que hago, lo que escribo, lo que siento, lo que amo, a quien amo. Una ciudad que se mea de risa cada vez que entrego el corazón sin esperar nada a cambio. Una ciudad que empolva con su insufrible arena todos mis recuerdos, mis anhelos y sentimientos.



Me cansa ser hombre cuando los amigos ignoran mi verdad, cuando nadie me pregunta cómo estoy. Cuando incluso sabiéndolo, nadie es capaz de hablar con sinceridad y mirándote a los ojos.

Sucede que me canso de ser hombre cuando no hay más humanidad que rescatar, cuando deambulo por las calles sucias y violentas y caigo  en  cuenta que más humanidad tienen los perros callejeros, que los idiotas que los maltratan.

Me canso de ser hombre en una red social donde la vanidad y estupidez reinan por doquier. Donde se compite por popularidad intentando ganar seguidores a cambio de retraso mental, fotos de comida y cientos de fotos de tu puta cara. Donde me das un “me gusta” pero no eres capaz de leer de qué se trata.

Me cansa ser hombre en una ciudad que te escupe, que te saca la vuelta, que ensucia las veredas, que pone trabas para salir adelante, que intenta robarte, que busca excusas para no cumplir sus labores, que es impuntual, que está ahogada por la corrupción y delincuencia.

Sucede que me canso de ser hombre aquí y ahora. Esta ciudad se llevó mi humanidad, ahogó mis sonrisas  y destrozó mi corazón. Y yo se lo di todo. Su calor y su radiante sol quemaron lo poco que quedaba de mí. Me cansé de ser hombre. No me lo critiquen.




Pero terco yo, o tal vez masoquista, prefiero seguir “mirando las ruedas girar”, buscando excusas para seguir ahogándome en el polvo y la tierra de las calles. Buscando tal vez sanar un  corazón que se resigna a morir de asco y soledad.

jueves, 28 de mayo de 2015

Escribo que escribo...





"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo".

Salvador Elizondo. El Grafógrafo.


Revisando ayer el blog me di con la sorpresa de que el enlace a las entradas de mi supuesta autoría llevaba a la imagen que encabeza este post. El infame meme del hombre araña sesentero sentado en su escritorio, masturbándose, like a boss.

Lo vi y reí por buen rato. Luego reflexioné. Luego reí nuevamente. Y así.

Y sí, ya mucha vuelta he dado entre que escribo y no, entre que borro borradores y empiezo nuevos posts que dejo en blanco. Así, el meme de spiderman ha terminado siendo la excusa perfecta para animarme por fin a redactar lo que sea y limpiar la imagen mental que deben tener de mí mis compañeros de blog. Agradezco por tanto al gracioso que anda metiendo mano en la plantilla y lo invito a redireccionar el enlace a la etiqueta adecuada. La imagen de todas maneras ya ha quedado sintetizada en estas letras.

Los señores de la camisa mostaza


Por estos lares cada vez está más en boga decir este asunto no es mío para liberarse de  toda responsabilidad. Así, no es extraño que las acusaciones generen una respuesta que inicia con “no es mi culpa” y continúe con “es culpa de…”. Tampoco es raro que, en un nivel comercial, haya proliferado la aparición de anuncios tales como “cuide su (…), la empresa no se hace responsable de (…)”

Los señores que trabajan en servicios de seguridad no son la excepción. Para nada. Y yo creo que esto se hace patente en los sucesivos cambios de denominación de su chamba.

Típico guachimán peruano.

Veamos:

En un primer momento, estos operarios recibían el nombre de “guardianes”, dado que brindaban servicios de guardianía. Entiéndase: “guardar” es sinónimo de proteger. De modo que, cuando se constituyó la figura de estos agentes de seguridad, se estaba pensando en una suerte de “policía privada”, la cual tendría que resguardar los intereses de la persona o empresa que pudiera costearlos.

Pero como a los de seguridad esto les pareció demasiado arriesgado y no querían hacerse tan responsables por los problemas de sus clientes, de pronto se hicieron llamar “vigilantes”. Entiéndase: el que vigila, el que mira, el que chequea, el que da la voz de alerta. Esto es más  bacán porque así el agente no tiene que enfrentarte al problema. Es decir: él ve que están asaltando a alguien y no se mete. Basta con decir: “cuidado choche, te están bolsiqueando”.

Sin embargo, como aún así enfrentarse a la delincuencia parecía demasiado peligroso, estos señores decidieron ascender un peldaño más en la escalera de la despreocupación y, entonces, hallaron el término perfecto para sus ociosos menesteres: “agentes de prevención”. Entiéndase: personas que previenen. O sea, estos operarios ya ni se enfrentan a la razón de ser de su chamba, ni tampoco corren la voz de alerta. Hacen una cosa mucho más cómoda: Se dedican a joder a sus clientes y a los clientes de sus clientes para que ellos mismos resuelvan los atentados.


De modo que ahora los señores de camisa mostaza ni siquiera se despeinan. Sólo hablan. Hablan un montón. Llaman la atención. Piden refuerzos por radio. “Tenemos un problema”, dicen. ¿Y de qué se trata? Hay un señor que me está reclamando porque en el baño no hay papel higiénico. Díganle que está prohibido reclamar. Que no se puede. Que no son sus funciones.

Lo que a uno le hace pensar si actúan así con la gente común y corriente, es porque ahora los enemigos de los agentes de seguridad no son los agresores, sino las víctimas. Porque resulta que ahora las personas tenemos la culpa de que los delincuentes atenten contra nosotros.

Voy a compartir tres casos reales. Absurdos, sí. Pero 100% verídicos

Primer caso: cuando trabajaba vendiendo autos en Chevrolet teníamos a un agente de prevención que sólo se dedicaba a cumplir las funciones de un soplón. Por ejemplo, si alguna vez llegaba de visita la esposa de un compañero, el de prevención automáticamente le pasaba la voz al jefe de la tienda y, al día siguiente, mi colega tenía una llamada de atención. Si uno salía a media mañana a fumarse un cigarrillo en la calle, el señor de prevención tomaba nota y le comunicaba a gerencia. Era tan jodida la cosa que una vez me cuadré al fulano ése. “Oye, ¿a ti te contratan para que cuides de afuera hacia adentro o de adentro hacia afuera?”, reclamé. Vale decir que a este sujeto lo despidieron al poco tiempo, cuando se descubrió que pasaba todas las noches usando los teléfonos de la oficina para hacer llamadas personales.

Segundo caso: en una expoventa realizada hace algún tiempo en un centro comercial, al señor Melquiades le robaron su celular de última generación. De más está decir que los agentes de prevención no estaban en sus puestos y no brindaron el resguardo necesario. Por el contrario, una vez realizado el crimen, sólo se limitaron a pronunciar su sermón de toda la vida: “es que dejas tus cosas muy expuestas…”. Cuando el señor Melquiades fue a revisar las cámaras de seguridad (esas cosas que la gente cree que son la solución definitiva a la inseguridad ciudadana) se dio cuenta de que justo en el momento del hurto, el aparato estaba girando hacia otro lugar. Parece que estaban chequeando a una flaca.


Tercero: hace unos días me encontraba cargando un bulto en otro centro comercial. Tenía que subir al segundo piso y, como el ascensor estaba apagado, pensé que la mejor opción era usar la escalera mecánica. Cuando me subí en ella, vino una señorita de prevención, gritándome de la manera más escandalosa posible. Quería que baje de inmediato porque estaba prohibido subir con bultos ahí. A mí, con el peso y la escalera en movimiento, no me quedó decirle que sería imposible. Por supuesto, la de prevención, como si estuviera ante su enemigo número uno, procedió a hacer lo que mejor hacen estos señores. Dijo: “Así que hace caso omiso a las órdenes”. Llamó por el radio a alguien y se fue muy disgustada. Tiempo después me entero de que a quien llamaba fue a una trabajadora del centro comercial, para la que en ese momento me encontraba haciendo unos servicios. Lo supe porque aquella era mi amiga y no perdió la oportunidad de manifestar: “me han llamado la atención los señores de prevención porque subiste la escalera mecánica con bultos”. Yo le respondí: “¿Por qué te llamaron la atención a ti, si tú eres la que los ha contratado? Faltaba más: ¡Llámales la atención tú a ellos!”

miércoles, 27 de mayo de 2015

De escritor a titiritero

Recuerdo con claridad que cuando vi publicado mi primer libro, reproducido en cientos de ejemplares empaquetados en varias cajas de cartón, me di cuenta de que estaba realmente jodido. Claro está que, como escritor primerizo, me había alentado tanto la idea de ver mi obra impresa que la culminación de este sueño sólo me llevaba a la pregunta inevitable: ¿Y ahora qué? ¿cómo hago para que me compren todos estos libros?

Aquí firmaba un ejemplar de mi primer libro, en la Peramadura,
un par de noches antes de la presentación de mi libro (circa 2007)
Nótese que, de momento, como cualquier novato, yo pensaba que, una vez publicado el libro, éste se iba a vender como pan caliente; que gentes de todas partes del planeta me buscarían, que las librerías me rogarían por contratos de exclusividad y de pronto, en una llamada transatlántica, se comunicarían conmigo desde Suecia para entregarme el premio Nobel. ¿Qué? ¿Exagero?

Bueno, bueno…. ¿Acaso no es común que un escritor, en su acostumbrado discurso de conferencia nivel escuela secundaria, no se queje de que nadie lo lee? ¿No pasa a cada rato que éstos personajes se autorganicen agasajos y soliciten reconocimientos firmados por todas las municipalidades que conocen? ¿No ocurre a cada rato que algunos de estos –sino varios- se sientan ofendidos por no haber sido incluidos en los programas de la feria que organiza su ciudad?

Que me manden mi Nobel por FEDEX. El escritor ocioso, rumbo
a su presentación en Trujillo, 2007.

Yo sabía que el escritor -sobre todo el de la vieja escuela- solía tener un ego enorme: si por él fuera, que le construyan un altar y le rindan pleitesía. Y detestaba sus poses de no va a mover un dedo por cambiar su situación comodona pero sí poner en marcha toda una maquinaria belicosa para atacar –a menudo por lo bajo- a otros autores que, por algún extraño motivo, empiezan a sonar más que ellos.

Así que, cuando volvía a la pregunta del inicio y la repetía varias veces: noté que había algo malo; o algo que me estaba asemejando a ese modelo de escritor del cual renegaba: ¿Por qué estoy pensando que la gente tiene que venir a comprar mis libros, en lugar de yo ir a venderlos?

De esa manera llegué a la conclusión de que si quería salir del conformismo que aúna a toda esa raza de escritores que creen que el mundo gira alrededor de ellos, debía empezar a practicar otro tipo de oficios que aparentemente no tenían nada que ver con el que sustentaba todo: escribir en la comodidad de mi casa.

Así, la primera chamba que surgió fue la de vendedor. Esto lo expresé en un viejo artículo de mi fenecido blog el verduguillo.

¡Vendo libros! (2008)

Escribir es producir un libro; un bien que debe entrar en un mercado. Éste puede ser buenísimo. Pero si no llega al público será un fracaso. “Hay que empezar a llevar la obra a la gente. Si no lo hago yo, nadie lo hará”, me dije a mí mismo.

Era de esperarse que al sistematizar los procesos de distribución, naciera pronto la idea de ocuparse un poco más de la técnica de las publicaciones; trabajando directamente el diseño editorial para crear un producto más atractivo. De modo que, la segunda chamba conexa al oficio de escritor resultó ser la de editor.

En una presentación de la editorial (2013)

La tercera chamba viene a consecuencia de la anterior: Fundada una editorial, ésta debe encargarse de promocionar los libros de una manera creativa. Así pues, de hacer recitales públicos, pasé a ser narrador de cuentos y hasta actor en el teatro ambulante de “Historias del jañape”. Y, de ese modo, así llego hasta el día de hoy, en el que me dedico a personificar los personajes de “Emilio y El gato” en una función de títeres con la que tratamos de dar a conocer el libro de Angel Hoyos.






Para terminar, debo decir que creo firmemente que todas estas cosas que he venido haciendo hasta ahora no deberían ser producto de burlas; sino afrontadas con la certeza de estar trabajando con la convicción de que el oficio literario puede y debe ser un trabajo bien remunerado. Y que ello sólo se materializará cuando los escritores dejemos de rascarnos la barriga y nos pongamos a hacer que las cosas funcionen. Dejarse de quejar es un primer paso.

lunes, 25 de mayo de 2015

El día que apagaron la luz

Bien sabido es entre quienes me conocen que Charly García es uno de mis cantantes favoritos, por no decir el que más. Sus letras y melodías me parecen geniales, excepcionales. Muchas de sus canciones han calado tanto en mí que sería imposible dejar de escucharlas. Hoy quiero hablarles de la canción que le da el título a este artículo.

Esta canción pertenece al disco "Sinfonía para adolescentes" de Sui Generis. Para quienes no sepan Sui Generis es el dúo musical compuesto por Charly García y Nito Mestre. Este disco fue el último que sacaron allá por el año 2000. Recomiendo a quienes tengan la oportunidad, escuchar este disco completo, con audífonos (de los grandes) y sin interrupciones. Es todo un viaje.

Debo resaltar que ésta no es mi canción favorita de Charly. La que se lleva el primer lugar (según yo) es otra, y no sólo es mi favorita de él, sino además, mi canción predilecta sobre todas las demás sobre la faz de la tierra. Pero hoy no hablaremos de ella. Hoy quiero hablar de "El día que apagaron la luz".



Fue que estando dormido, hace muchos años (quince en realidad), escuché por primera vez esta canción entre sueños (o tal vez pesadillas). Aún recuerdo las notas musicales despedidas del piano. Cada vez que Charly movía sus manos, demonios ancestrales huían de las teclas blancas y negras, carcomiendo así mi cabeza con incesantes desgarros de locura y sonidos que explotaban en mi imaginación. 

Y su voz, que como un mantra se repetía en mi mente una y otra, y otra vez: "Llegará el día en que estemos juntos, haciendo todo para este mundo, paralizando la Tierra el día que apagaron la luz". 

Al despertar la canción se había hecho uno conmigo, ya era parte de mí. Aún hoy ese coro se repite incesante en mis pensamientos. 

Algunas veces me imagino cantando esta canción en un concierto (déjenme imaginar, que es gratis) a un público que no tiene ni idea de Sui Generis o Chary García, sólo para ver cómo se terminarían emocionando con la melodía y la letra.

Así que hoy comparto la canción (con letra incluida), sólo porque sí, porque a veces sólo una melodía basta para dibujar una sonrisa, o al menos fingirla.




En estos días que están pasando
yo sé muy bien que me estás buscando
quieres saber lo que hicimos
el día que apagaron la luz

Con esta música que hay ahora
entiendo por que estás tan sola
paralizando la tierra
el día que apagaron la luz.

No podes ver que ya me perteneces
yo quiero ver casi todo lo que haces
por eso, vida.

Llegará el día en que estemos juntos
haciendo todo para este mundo
paralizando la tierra
el día que apagaron la luz

No podes ver que ya me perteneces
yo puedo ver casi todo lo que haces
por eso, vida

Ya llegó el día en que estemos juntos
haciendo todo a pesar del mundo
paralizando la tierra
el día que apagaron la luz

Paralizando la tierra
el día que apagaron la luz
paralizando la tierra
el día que apagaron la luz
el día que apagaron la luz.

Crónica de una instalación fallida 2

Declaro que el día viernes 22 de mayo de 2015, a las 11am, ¡por fin! nos instalaron un paquete de internet, luego de todas las penurias descritas en un capítulo anterior.

Detalle de los aparatos instalados por Claro.

No fue fácil. Ni siquiera resultó serlo la firma de la conformidad del montaje de los aparatos: en confusas circunstancias, tuve que hacerme pasar por el esposo de mi futura suegra, aquella que finalmente prestó su nombre y su honor para encubrir una serie de operaciones un tanto informales por parte nuestra y de la compañía de teléfonos.

Bien, vamos al detalle: Tras fracasar todas y cada una de las múltiples solicitudes a Movistar, Patricia decidió que Claro era la voz. Sin embargo, cuando consultó por el paquete de internet, cable y un innecesario teléfono, le dijeron que no podía firmar ningún convenio porque el “sistema” no la dejaba.

Nos preguntamos de qué se trataba, estando ella laborando para una entidad financiera, con un historial crediticio impecable y un sueldo que podía costear tranquilamente el servicio. No obstante, hecha la solicitud, otros vendedores del paquete no perdieron tiempo para rescatar tema. Llamaban día y noche, revisando una y otra vez la solicitud, hasta que llegaron a la conclusión de que Paty debía pagar una garantía de 500 soles, más la instalación y tres cuotas por adelantado.

Ante el desconcierto, una buena mañana Paty fue a la central de Claro y decidió hablar con una señorita en plataforma que -según el cuadro en la pared- era la colaboradora del mes. Paty no lo pensó dos veces. Lo dijo: “Si alguien en esta empresa puede solucionarnos el problema es esta chica”. Así, pues, a través de ella se descubrió qué era aquello que impedía que Paty contratase un servicio “tri-play” como cualquier persona excepto yo: hacía un año, había deshecho antes de tiempo un contrato con la empresa y, por tanto, se había hecho acreedora de una de esas penalidades que no solemos darle importancia hasta que caemos de nuevo en las garras de los mismos sinvergüenzas.

Veredicto: Paty no podía contratar ningún servicio por 24 meses.

Sin embargo la colaboradora, que no es tonta y por algo se había ganado su título del mes, le propuso a Paty que buscara a otra persona que prestase su nombre para solicitar el servicio.

Entonces en poco tiempo encontramos a la candidata ideal para estos menesteres: mi suegra, una mujer mayor de 65 años que no trabajaba hacía treinta años y que no poseía propiedades ni ingresos por renta de ninguna categoría. Naturalmente, el sistema aprobó un crédito para ella de inmediato.

Este aparato no sé qué es

Los señores de Claro instalaron el servicio tan rápido que a Paty no le dio tiempo ni de avisarle a su mamá y tuvo que hacerse pasar por ella para coordinar la recepción de los equipos; lo que decantó, de un momento a otro en el que Paty tuvo que salir de forma intempestiva, en que sea yo quien acabase por dar la conformidad de la instalación vía teléfono, fingiendo ser el esposo de mi suegra.


Okey. Si yo soy mi propio suegro…  Paty debe ser… ¿mi hija?

Esta historia no acaba así. El final de todo esto viene con el siguiente remate; tan inverosímil que mejor digo que me lo he inventado para evitar dar mayor explicación:

Resulta que, luego de que los señores de Claro se retiraran de nuestra casa dejando todo instalado, el celular de Paty suena. La llamaban de Telefónica anunciándole que ya han ampliado sus servicios en la zona en la que vivimos. Ahora sí pueden atender su pedido. De hecho, pueden ir de inmediato. No habría que pagar nada.

Paty creyó por un instante que estaba en una cámara escondida. Luego recrodó todo el trajín, sonrió y colgó el teléfono.

domingo, 24 de mayo de 2015

¿Cómo nació Muñeca de trapo?

Muchas veces me lo han preguntado. La pregunta más común, la más cliché que me hacen es  ¿En qué te inspiraste? Bueno, debo decir que no hubo inspiración. No escribí el libro pensando en alguien en especial o con una flor amarilla en el escritorio para que el espíritu de la inspiración pase por allí y me posea como un demonio invadiendo mi cuerpo. No, no hubo tal cosa.




En mi  caso, fueron sobre todo dos cosas: influencia y depresión.

Hablemos de lo primero. En “Muñeca de trapo”  se nota una marcada influencia musical. La música ha sido siempre parte esencial de mi existencia, cada canción de mi lista de reproducción hace referencia a un momento de mi vida, como ya lo expliqué por aquí.

Así que es en base a los recuerdos, sueños y sensaciones a los que me llevan esas canciones, en que me he basado para escribir cada uno de los cuentos que componen mi libro. Por ejemplo, en el cuento Interestellar hago referencia directa a David Bowie, su canción Space Oditty es el motor de todo lo que se desarrolla en la historia.

Otro claro ejemplo se da en el cuento Mr. Jonks, ésta historia es una oda a la canción Bohemian Rhapsody, de Queen. Al punto que quien no conoce esta canción difícilmente podrá entender y disfrutar del cuento en su totalidad.

Pero la influencia no va sólo por las canciones, sino también, por las películas. El cuento que abre el libro se titula Piedra, papel y tijeras. Ésta historia es mi versión en “prosa poética” de la película Edward Scissorhands.

Bien, hablemos ahora de la segunda cosa que da origen a mi libro: La depresión.

Era una depresión causada por la pérdida. En la última época en la que viví en España había perdido muchas cosas, estaba solo, o al menos me sentía muy solo. Lejos de mi familia, de mi hijo, de las personas que alguna vez me llenaron la vida. Sentía que los había perdido.

Emo!!!


Además, mi abuela falleció estando yo tan lejos, y no pude acompañar a mi padre en esos momentos tan duros. Me enteré también de la muerte de una buena amiga, y tampoco pude estar allí.

Una noche todos estos sentimientos negativos se mezclaron en uno solo, y en una especie de catarsis de liberación escribí de tirón el cuento Muñeca de trapo, ésa fue mi primera historia, y es además el cuento que le da el título al libro.

Ya lo decía Charly García: “En el fondo de mí, en el fondo de mí veo temor y veo sospechas con mi fascinación nueva. Yo no sé bien qué es. Vos dirás: son intuiciones, verdaderas alertas”.


Bueno, espero que hayan quedado un poco más claros los orígenes de éste libro. Y claro, si aún no lo has leído, te invito a hacerlo. Que la noche os sea propicia.


viernes, 22 de mayo de 2015

Los nerds ya no son como antes

Estoy seguro de que este post, a priori, va a afectar a mis compañeros de blog. Cálmense. Desde ya les digo que esto no tiene nada que ver con ustedes y que evitaré dentro de lo humanamente posible hacer referencias directas a ustedes.


El término “nerd”, desde que apareció en la cultura norteamericana, a fines de los años 70, se usó para designar a personas inteligentes con escasas habilidades de interacción social. Así lo manifiesta la todopoderosa Wikipedia*.

La idea completa es que esta designación recayó sobre personas que leían mucho (por ello tenía problemas de vista) y/o se obsesionaban con el conocimiento (principalmente en el campo de la ciencia y tecnología). Y así, tan abstraídos y alejados del mundo que los rodeaba, no atendían mucho a las modas ni se preocupaban por su apariencia física.

Veamos ejemplos notables:

Stephen Hawkings, un astrofísico
obsesionado con descubrir las leyes
que rigen el universo.

Bill Gates, un joven informático obsesionado
con las computadoras y otras "maquinitas".

Stephen King, un escritor obsesionado con
crear un nuevo género dentro de la literatura

Oséase que, tradicionalmente, ser nerd encerraba un gran potencial y, de un modo extraño, se podía decir que era una designación propia de quienes hacían cosas realmente chéveres, por encima del promedio y, en algunos casos, que impulsaban el desarrollo de la humanidad.

Pero ahora…



Por el contrario, ser nerd hoy en día es sólo un asunto de apariencia. Estos señores van al gimnasio, usan productos para el cabello e intentan seguir una dieta (de preferencia orgánica). Están obsesionados con su modo de vestir a tal punto que son capaces de pagar una fortuna por poseer ese accesorio que le aportará distinción por sobre todos los demás mortales (accesorio que podría ser un par de lentes retro, un celular de última generación marca ENTEL o una camiseta con el símbolo de su superhéroe favorito que no puede ser otro que de Marvel o DC).

Al nerd de ahora ya no le obsesiona el conocimiento, al menos no en materias útiles. Prefiere los cómics y las series de Warner. Si lee libros, generalmente son aquellos que pertenecen al mundo del Fanfic y están directamente relacionados con las franquicias y sagas que sigue.

De ese modo, las denominaciones que expresan matices de la palabra nerd han crecido, estableciendo varios puntos grises: “Fandom” (fanático de cosas raras), “Geek” (obsesivo tecnológico… ahora: fan de Apple), “friki” (extravagante), “Jerk” (antisocial), “Dork” (idiota) y un gran etcétera. 


Es por eso que el señor Angel Hoyos, Gabriel Chunga y Jonatan Melquiades no son Stephen Hawking, Bill Gates y Steven King, respectivamente.


---------------------


*También el término nerd se popularizó los años 1970 inspirado por el filósofo Timothy Charles Paul,6 que usó la palabra para describir un estereotipo de persona inteligente, con reducidas habilidades sociales, y que suele ser objeto de burlas.